Antonio Bonet Correa | Obituario Bonet y la huella andaluza

  • El catedrático emérito de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Sevilla recuerda la ingente y entusiasta labor que Bonet Correa desplegó en su etapa sevillana

Antonio Bonet Correa en su estudio. Antonio Bonet Correa en su estudio.

Antonio Bonet Correa en su estudio.

El 18 de mayo de 2017 resonaban los aplausos en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla. Antonio Bonet Correa acababa de ser investido Doctor Honoris Causa. Pocas veces, en un acto tan formal, el gozo se ha sobrepuesto a la satisfacción de participar en un acto de justicia. Tres años después, cuando ya avistaba la centena, se despide. Hoy rememoramos el entusiasmo que despertó en quienes tuvimos la fortuna de conocerle en los años de su cátedra de Historia del Arte Hispanoamericano, entre 1967 y 1973, en que pasó a Madrid, donde su trayectoria se elevaría hasta niveles excepcionales.

Sus años de Sevilla fueron muy fructíferos, tanto en su labor académica, como de lucha cultural en el final de la Dictadura. Gracias a sus conocimientos y a su experiencia parisina, vinculado a Francastel en la Sorbona, actuó como un valioso fermento en el emergente panorama artístico en el nuevo escenario creado alrededor de la Galería La Pasarela. No pudo ver cumplida la ilusionante misión de poner al día el Museo de Bellas Artes, e incorporar la gran colección de dibujos de Fernando Zóbel. No obstante, el objetivo naciente del Museo de Arte Contemporáneo contaría con su apoyo.

No pudo incorporar los dibujos de Zóbel al Bellas Artes pero el Museo de Arte Contemporáneo nació con su apoyo

No sería aquella la única dificultad. El mundo de las Academias locales no era su hábitat, y resistir y trascender el conservadurismo reinante exigía una gran entereza. La misión social del arte pudo desarrollarla con brillantes iniciativas, como dirigir El Correo de las Artes en El Correo de Andalucía, donde se publicarían artículos, entrevistas, críticas de exposiciones y libros; suplemento en el que colaboraríamos un grupo de jóvenes, entre ellos su hijo Juan Manuel.

Pero no quiero cerrar estos apresurados y emocionados recuerdos sin destacar sus aperturas temáticas y metodológicas, como el patrimonio industrial o los escenarios contemporáneos; en general, la historia y la crítica de la arquitectura y la ciudad. Una ingente labor que nos ofreció una aproximación a Andalucía con una mirada aguda y estimulante desarrollada en aquellos años. Eslabones de una cadena, como su artículo sobre el Renacimiento y el Barroco en los jardines de la Alhambra (1968), o su edición en 1970 del libro Las iglesias de Antequera. Su fascinante libro Andalucía Barroca. Arquitectura y Ciudad (1978) firmaría un pacto con nosotros para siempre.

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