Muere un maestro Bonet Correa, maestro en el arte y el entusiasmo

  • El que fuera director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, deja, a sus 94 años, un inmenso legado de estudios, libros y discípulos

Antonio Bonet Correa, con un ejemplar de 'Andalucía Barroca'. Antonio Bonet Correa, con un ejemplar de 'Andalucía Barroca'.

Antonio Bonet Correa, con un ejemplar de 'Andalucía Barroca'.

Para Antonio Bonet (La Coruña, 1925-Madrid, 2020) era "un servicio indispensable procurar iniciar a los estudiantes más jóvenes en el entusiasmo por el arte". Pronunció estas palabras en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla el 24 de mayo de hace ahora tres años en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa en una ceremonia en la que se contaban por decenas los catedráticos, profesores, alumnos y artistas que permanecían atentos a las palabras del maestro –don Antonio– que había recorrido los pasillos de la antigua Fábrica de Tabacos casi 50 años antes, en su época como catedrático de Arte Hispanoamericano de la Universidad de Sevilla entre 1967 y 1972. En su paso por la capital andaluza, ocupó durante un año la plaza de director del Museo de Bellas Artes de Sevilla en un tiempo de extrema rigidez en la burocracia (lastre que pesa todavía) que chocaba con su enorme capacidad para impulsar proyectos en favor del conocimiento y lo público. "Ciertos políticos me acusaron de querer introducir arte demasiado vanguardista en el museo. Sevilla se perdió por ello una fabulosa colección de dibujos del siglo XX que Fernando Zóbel pensaba donar y para la que estaba dispuesto a costear incluso la reforma de un ala de la pinacoteca", recordaba Bonet Correa en una entrevista con este periódico.

Su fecunda trayectoria, que tiene paradas en Santiago, París, Murcia y largas estancias en Latinoamérica para afincarse de manera definitiva en Madrid en 1973, se apagó este viernes a los 94 años concitando una de esas unanimidades sin fisuras que sólo consiguen los grandes maestros, que lo son porque aúnan su vocación académica con un profundo ejercicio humanista de la vida. El mensaje lanzado ayer en Twitter por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que fue presidente de 2009 a 2015, resume el profundo vacío que deja: "Para muchas generaciones de historiadores del arte ha sido un mentor luminoso y entregado, el máximo referente en numerosos campos del conocimiento, el último de los grandes maestros de su generación". Fue además patrono del Museo del Prado y académico, entre otras, de la de Real Academia de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y de la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge.

Nacido en el seno de una familia de padre militar que pintaba y escribía bajo un pseudónimo, su vocación primera fue la de escritor y de hecho, en su mirada a la historia del arte, la palabra y la imagen eran dos caras de la misma moneda. "Lo visual es tan importante como lo literario", defendía. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, empezó a colaborar en un suplemento cultural y conoció al profesor José María Azcárate, otro gallego marcado para siempre por su paso por Andalucía, que le empujó al estudio del Barroco. Se marchó a estudiar Historia del Arte a París a finales de los 50, se diplomó en Museología por la Escuela del Louvre y entre 1952 y 1957 fue profesor ayudante de la Sorbona de París. Como glosa el catedrático de Historia del Arte Benito Navarrete, del que Bonet Correa fue el presidente de su tribunal de tesis en la Complutense, "se va una forma de hacer historia del arte que abrió múltiples sendas gracias a su formación en Francia donde conoció y se formó con Élie Lambert y Pierre Lavedan; también conocería a Henri Focillon y Pierre Francastel". Un tiempo en la capital gala en el que también entró en contacto con Miró, Giacometti y los jovencísimos artistas integrantes de Equipo 57.

"Se va una forma de hacer historia del arte que abrió múltiples sendas gracias a su formación en Francia", opina Benito Navarrete

"El arte contemporáneo en París me dio la posibilidad de ver todas las galerías y confrontar toda una serie de ideas sobre la creación artística y la estética", recordaba el profesor en una larga entrevista concedida en 2012 al primer número de la revista Quiroga. También fue en esta ciudad donde conoció a su mujer, Monique, con la que tuvo tres hijos, Isabel, Pierre y Juan Manuel, que recoge el testigo paterno como ensayista, poeta, comisario de arte y director de instituciones como el Reina Sofía y el Cervantes.

A su regreso a España, en 1959 inicia su labor docente en la Complutense de Madrid, luego en Murcia para llegar en 1967 a Sevilla, en la que se topó con una ciudad "entonces, muy decimonónica pero donde quedaban los restos de la Sevilla de vanguardia anterior a la Guerra Civil", reconoció en una entrevista. Habitaban aquella ciudad, en la que ejerció de crítico de arte en las páginas de El Correo de Andalucía, artistas como Carmen Laffón, José Soto, Gerardo Delgado, José Ramón Sierra o el mismo Zóbel. Es de esta época donde nace uno de los trabajos fundamentales de su carrera, Andalucía Barroca. Arquitectura y urbanismo (Polígrafa, 1978), que supone una concepción nueva al estudio y valoración del Barroco al trascender la clásica división entre arquitectura, escultura y pintura para ofrecer un estudio integral en dos vertientes: desde el punto de vista exterior –los edificios y la arquitectura barroca de pueblos y ciudades de Andalucía–, y desde el interior de los templos, cuya máxima expresión son los retablos de las iglesias del Sur de España. Este trabajo, que le llevó a recorrer toda la geografía andaluza, le valió el premio Menéndez Pelayo. Con esta guía, que permanece hoy como el más completo recorrido por una expresión artística que es parte intrínseca de la identidad del pueblo andaluz, la Consejería de Cultura impulsó en 2007 el ambicioso proyecto Andalucía Barroca, que inauguró el propio Bonet Correa en la Iglesia del Carmen en Antequera y que se extendió después en diversos actos y exposiciones por toda Andalucía. En aquel acto recordó que se interesó por Andalucía gracias a Dámaso Alonso y su descubrimiento de Antequera, entre Sevilla y Granada, que definió como "un oasis entre el Atlas marroquí y la Meseta de Castilla".

Antonio Bonet Correa (La Coruña, 1925-Madrid, 2020). Antonio Bonet Correa (La Coruña, 1925-Madrid, 2020).

Antonio Bonet Correa (La Coruña, 1925-Madrid, 2020).

"Sus formas de ampliar el conocimiento eran infinitas desde la arquitectura barroca, el arte hispanoamericano, la historia del urbanismo, la arquitectura efímera, el arte contemporáneo y la crítica de arte, la museología a los cafés históricos", explica el profesor Navarrete sobre la inconmensurable dimensión de un hombre que abrió camino, como demuestra el hecho de que en los años 80 dirigiera la tesis de La mujer y la pintura en la España del siglo XIX de la historiadora y ensayista Estrella de Diego, discípula sobresaliente junto a nombres como el desaparecido Francisco Calvo Serraller o la experta en arquitectura barroca Beatriz Blasco.

Se servía de la frase de Gregorio Marañón "ser trapero del tiempo" para aprovechar cada hora del día tomando notas y notas que le ayudaron a componer una bibliografía extensísima en número y ámbitos, pese a que ha dejado inacabadas sus memorias, cuenta Navarrete a este periódico. Con todo, en gran medida sintió que su testimonio vital quedaba recogido en las páginas del bellísimo libro Los cafés históricos, editado en 2012 en Cátedra, sello del que fue director de la colección de manuales y monografías sin las que no se entiende el estudio reciente de la historia del arte. "¿Se siente más académico o docente?" le preguntaron en un ocasión: "Yo me siento docente, el que escribe, el que piensa y el que siente el arte". Se va el último de los grandes maestros.

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