Una noche de inolvidable Pasión

Crítica música

Pasión Vega pudo reencontrarse ayer con el público sevillano tras cancelar su concierto del martes.
Pasión Vega pudo reencontrarse ayer con el público sevillano tras cancelar su concierto del martes.
Ricardo Castillejo

28 de enero 2010 - 05:00

Gracias a la vida. Primer concierto en Sevilla de la gira. Pasión Vega. Programa: Tangos, coplas y canción hispanoamericana. Músicos: Jacob Sureda, piano y director musical; José Vera, contrabajo; Tito Cartechini, bandoneón; Maite Martínez, percusión y coros; Roberto Jabonero, violín y mandolina; José Juan Pantoja; guitarra flamenca; Vicent Climent; batería; Grupo de mariachis, Real Azteca. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Miércoles, 27 de enero. Aforo: Lleno.

La expectación se cernía sobre un patio de butacas que, en silencio, recibió ayer el regreso de esta joven diva de la canción española (quien, la noche anterior, hubo de suspender su presentación en Sevilla por un problema en el suministro eléctrico de la zona) y, en general, de cualquier estilo musical que su garganta acaricie. Así, en virtud de esa máxima, Pasión Vega arrancó su espectáculo Gracias a la vida, vestida de blanco y negro y homenajeando al tango con un reducido acompañamiento de bandoneón, guitarra, violín, contrabajo y piano.

A través de unacuidada puesta en escena, llena de símbolos alusivos a cada melodía, la cantante desgranó una primera parte del repertorio acercándose a títulos argentinos como Cuesta abajo o Cambalache y desarrollando a la perfección una teatralidad plena de detalles, la cual aporta una dimensión mucho mayor a la ya de por sí gran capacidad vocal de una protagonista que, eso sí, arrancó los primeros "¡bravos!" y vítores del respetable cuando, tras la tanguera Nostalgias, inició el viaje hacia esas coplas nuestras que, con maestría y un gusto exquisito, renacen bajo su voz gracias a personajes como la histórica Lirio o María, la portuguesa. Unos títulos inolvidables que, durante su ejecución, llevaron a la audiencia a creerse en el mismo cielo escuchando el desgarro de Y sin embargo, te quiero o la celebrada Ojos verdes, a dúo con el cantaor gaditano David Palomar y, sin duda, uno de los instantes más esperados de la emocionante velada.

Posteriormente, cambiando el anterior vestido rojo por un blanco inmaculado (obra, como el resto del vestuario, del sevillano Antonio García), la solista dio paso a un conjunto de mariachis junto a los que homenajeó algunas populares composiciones mexicanas como El jinete o Un mundo raro. Piezas que, al igual que sucedió con Fina estampa -asociada a la incombustible María Dolores Pradera-, se adaptaron a la perfección al estilo de una Pasión que, en el tramo final, no olvidó el repaso de éxitos propios como Tan poquita cosa o María se bebe las calles. Claro que, antes de decir el adiós definitivo, quedaba alcanzar el cénit con la tierna Lucía, de Joan Manuel Serrat, y esa Malagueña salerosa que terminó de rendir a los asistentes a los pies de una mujer que, cada vez que nos visita, no hace sino incrementar su propio mito. Y es que, hasta las seis jornadas con las que ha colgado el cartel de "No hay billetes" en el Lope de Vega, parecen haberse quedado cortas. Por algo será.

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