Juan Valderrama. Cantante

"Mi padre fue un adelantado. A los 14 años ya sabía cantar todo de todos"

  • El hijo de Juanito Valderrama reivindica la figura de su padre en su centenario con un disco-tributo en el que participan intérpretes como Serrat, Poveda, Manolo García o Martirio.

Si Juanito Valderrama viviera podría ganarse la vida impartiendo esos cursos que propagan axiomas con los que construirse una marca personal. Porque, además de ser probablemente el cantaor más completo de la historia y poseer una voz privilegiada, fue un "personaje icónico" que, sin manejar términos sobre mercadotecnia, supo entender qué significaba ser artista.

Así, proyectó una imagen de hombre bueno y humilde que llenó de valores colectivos; guardó una estética propia que no abandonó nunca -"había que oler a artista", cuenta su hijo que decía-; mantuvo el control en todas las facetas del proceso creativo, componiendo sus propias letras; hizo sin tapujos concesiones a su público y se lo creyó: "la modestia es de burros y la falsa modestia, aún más", dijo en alguna entrevista.

Por eso, cuando se cumple el centenario de su nacimiento, Juan Valderrama saca a la luz Juanito Valderrama 1916-2016 (Universal), un CD+DVD que esboza en su portada la reconocible silueta del cantante con sombrero cordobés y, en su interior, rinde tributo a "un transgresor en la música", "un modelo a seguir" y "un hombre colosal", como lo definen los artistas que intervienen. Un repertorio de canciones míticas como Madre Hermosa, Su primera comunión o El emigrante en las voces de Serrat, Manolo García, Ana Belén y Victor Manuel, José Mercé, Silvia Pérez, Perales, Poveda, Diana Navarro, Antonio Carmona, Pasión Vega, Rocío Márquez, Arcángel, Martirio, Estrella Morente y Dorantes.

-¿Cómo surge la idea del álbum?

-Quería que el centenario del nacimiento de mi padre fuera especial y este disco es una forma bonita de dar a conocer su patrimonio musical. A partir de ahí, ha sido muy sencillo porque todos los artistas han sido tremendamente generosos. El mérito es de ellos. La pena es que por cuestiones de espacio algunos que me hubiera gustado incluir no han podido estar.

-¿Cuántos discos harían falta para grabar el repertorio de su padre?

-Uff, tenía 976 temas registrados… Ahora parece imposible, pero a veces grababa un disco por semana, incluso lo hacía entre función y función.

-Con una obra tan extensa y con tanto hit, ¿queda mucho por descubrir de él?

-Completamente. Mi padre era muy popular, todo el mundo podría cantar alguna canción suya. Pero tiene temas preciosos absolutamente desconocidos. Algunos de los artistas me han llamado sorprendidos por descubrir joyas suyas que no conocían.

-¿Se puede ahora decir que su padre era un adelantado a su tiempo?

-Por supuesto. Es importante tener la dimensión del personaje. Fue un hombre que nació en 1916 en un entorno rural y con tesón, fuerza de voluntad y, desde luego, talento consiguió ser lo que fue. Es cierto que él fue un niño prodigio pero eso no es garantía de nada. Era, sobre todo, inteligente y tenía mucha visión artística. Fue el primer cantautor, era empresario, abrió el flamenco a la copla… y fue mecenas de muchos jóvenes. Gracias a él se empezaron a poner fotos en los discos de pizarra. En aquella época la gente escuchaba la radio pero no ponía cara a los artistas y fue mi padre quien empezó.

-¿Cree que el flamenco le perdonó esa popularidad?

-Todos los Mozart tienen su Salieri… Mi padre abrió un camino al flamenco. No le importaba meterse en jardines pero, eso sí, tenía una gran seguridad y sabía en todo momento quién era y de lo que era capaz. Ante todo era cantaor pero a mí me confesaba que con 14 años lo sabía todo de todos. A esa edad ya dominaba la técnica y era capaz de cantar por todos los palos. Era normal que empezara su propio recorrido…

-También defendió que había que hacer concesiones al público…

-Claro, sabía que tenía que hacerlo para llenar los teatros. No se puede ir de puro tirando pólvora de rey. Mi padre vivía y comía de su arte, por eso hacía cosas que no eran realmente lo que le gustaba pero que el público le pedía. Como las peleas con Dolores Abril. Tenía un gran sentido del humor.

-¿Considera que aún arrastra el flamenco muchos complejos en este sentido?

-En el flamenco se juega con la incomprensión. La mayor parte del público no va a entender lo que tú estás haciendo sobre el escenario, pero te va a aplaudir cuando cantes Ojos Verdes. Es decir, se tiene la sensación de cantar para nadie. Aun así, mi padre no dejaba pasar ni uno de sus conciertos sin cantar flamenco. Decía, "ea, yo ya me he justificado, ahora pídanme lo que quieran".

-¿Cómo contribuyó Enrique Morente a la reivindicación de su figura como cantaor?

-Enrique lo reivindicó desde el principio, como hizo con Marchena. A mí me encantaba Morente y mi padre no terminaba de entender por qué me gustaba tanto. Hasta que lo llevé un día a verlo en la misa flamenca con voces búlgaras y se quedó impresionado. A partir de ahí se admiraron mucho. Creo que los genios se reconocen entre ellos. Enrique, cuando defendía a Valderrama y alguien le rebatía siempre decía: "¿pero tú lo has escuchado? De Valderrama se habla mucho pero hay que escucharlo".

-¿Y qué escuchaba su padre?

-No le gustaban los imitadores, ni los cantantes impersonales, que cantan estudiados. Le gustaba los que eran creadores. Decía que había que tener siempre un sello, aunque fuera de Correos. Le gustaba Camarón, Marchena era su espejo… Muchos.

-¿Servirá este disco para acercar Juanito Valderrama a los más jóvenes?

-Eso hemos buscado. Sé que a la gente de Juanito le va a gustar porque son sus canciones cantadas por voces preciosas. Pero además, cada una parece de los artistas que las cantan. Se ha conservado la esencia, la sensibilidad y la forma de decir las cosas de mi padre, pero cada uno le ha dado su estilo y la ha hecho suya.

-¿Cómo definiría la música de Juanito Valderrama a quien no la conozca?

-De ninguna manera. Lo mejor es desprenderse de los prejuicios y de los miedos. Da igual el género que sea, copla, flamenco… escucha y te va a llegar, como un puñetazo en el corazón.

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