El paisaje en la mirada de Pérez Tapias
El artista sevillano exhibe en la Casa de la Provincia, a través de casi un centenar de obras, una sencillez que sólo un virtuoso de la pintura podría ejecutar.
La ficha
'La pintura del lugar. Viajes y paisajes'. José Manuel Pérez Tapias. Casa de la Provincia (Pza. del Triunfo 1, Sevilla). Hasta el 1 de marzo.
Que el paisaje no es el entorno en sí, es una idea que queda rotundamente manifiesta en la obra de José Manuel Pérez Tapias (Sevilla, 1961). En su trabajo el paisaje está más cerca de la mirada del artista, tiene más que ver con la experiencia vivida o con la emocionalidad que con su representación objetiva.
Aunque la trayectoria (de más de 40 años) de Pérez Tapias no se ha ceñido exclusivamente al paisajismo, este siempre ha estado presente y tiene una relevancia especial en la última década. Así, su exposición en la sala Triunfo de la Casa de la Provincia, La pintura del lugar. Viajes y paisajes, comisariada por Pepe Ýñiguez, recoge casi un centenar de estos trabajos (algunos llevados a cabo ex profeso y otros que son inéditos) donde predomina este género, llevados a cabo en diferentes técnicas y soportes entre 2008 y 2025. Asimismo, esta exposición es la secuela de Las formas del Paisaje. Del bosque a la ribera, inaugurada en el Museo de Alcalá a finales de 2023 y que posteriormente itineró por diferentes museos y salas.
Los ríos, los molinos y los caminos protagonizan una gran parte de las obras en esta muestra, evocando continuamente al movimiento, al recorrido. Lo cambiante como una conjura en la que se articulan pintor y paisaje, atravesando a ambos. Una analogía donde se prescinde de lo estático y de lo objetivo, donde prevalece el carácter voluble del paisaje y del que la observa.
Del mismo modo que un entorno puede variar notablemente según la estación del año, la hora del día o debido a causas climatológicas o a la intervención del ser humano, también varía ante la relación subjetiva del espectador. Así, un mismo árbol que parece inmenso durante la infancia, quizás no lo parezca tanto en edad adulta. O el detalle con el que se aprecia un lugar que se visita recurrentemente, no será el mismo con el que se observa un lugar al que se llega por primera vez. Por no hablar de cómo es percibido el entorno según la coyuntura anímica o emocional del que lo mira. Un mismo entorno observado por dos personas, sin lugar a dudas, dará lugar a dos paisajes diferentes.
En ocasiones la pincelada es precisa, detallista; en otras se vuelve suelta, instintiva
La presencia de lo cambiante deviene en la obra de Pérez Tapias, no sólo en aquellos elementos que lo evocan, sino en los diferentes registros con los que despliega sus paisajes. La técnica varía desde el acrílico hasta el dibujo, pasando por la acuarela; en diferentes soportes como el lienzo, el cartón, el papel o la tabla. En ocasiones la pincelada es precisa, exacta, detallista, en otras se vuelve suelta, instintiva o impulsiva. En algunos paisajes los colores emergen del propio entorno y en otros desde el plano afectivo y anímico de Pérez Tapias. Una fluctuación en la que se va construyendo el paisaje a través de las identidades del artista y del entorno.
En relación con la identidad, las arquitecturas emergen en algunos de los paisajes de la muestra, más que como una contraposición entre la naturaleza y lo humano, como una coexistencia. En la arquitectura subyace, en ocasiones de forma evidente y en otras de forma sutil, lo cultural, lo que tiene que ver con cuestiones propias del ser humano. No obstante, lo cultural siempre se adscribe a un territorio, a un lugar, alzándose así como la tensión principal entre un entorno determinado y las personas que lo habitan o lo transitan. De este modo, una arquitectura concreta, a simple vista, podemos asociarla a un lugar específico, simplemente por cómo esta se manifiesta en el entorno. Una articulación de identidades.
Retomando aspectos más técnicos en el trabajo de Pérez Tapias, cabe destacar la maestría de su factura, la capacidad de resolver cuestiones complejas como las que tienen que ver con la luz o la profundidad, de una forma hábil, a través de una pincelada o una línea, que pudiendo ser rápida o precisa, siempre es decisoria. Siendo ejemplos muy diferentes, esta capacidad del artista se aprecia a la perfección en las series Mediterráneo y Senderos junto al río Viar a su paso por Cantillana.
En la primera, a través de una pincelada visceral y colorida, plasma una atmósfera capaz de distorsionar el propio entorno, tanto arquitectónico como natural, imponiéndose esa esencia cálida y evocadora del mediterráneo, sobre una descripción fáctica del lugar. En la segunda serie, realizada con lápiz grafito sobre papel, el artista ha definido algunas zonas y elementos más que otros, generando una perspectiva y una profundidad a través de un juego de luces y sombras capaz de dirigir la mirada del espectador.
En otras palabras, en los paisajes de José Manuel Pérez Tapias, lo complejo se resuelve desde una sencillez que sólo un virtuoso de la pintura y del dibujo podría ejecutar. Paisajes que abordan cuestiones complejas, técnicas y narrativas, sin necesidad de grandilocuencias ni exuberancias.
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