Crítica de Teatro

Lo has puesto difícil, Marsó

Silvia Marsó protagoniza la adaptación de la novela '24 horas en la vida de una mujer', de Stefan Zweig. Silvia Marsó protagoniza la adaptación de la novela '24 horas en la vida de una mujer', de Stefan Zweig.

Silvia Marsó protagoniza la adaptación de la novela '24 horas en la vida de una mujer', de Stefan Zweig. / d. s.

Dice Silvia Marsó que le comentan que su espectáculo es un musical que no se ha visto antes. Estoy totalmente de acuerdo. Es algo difícilmente encasillable, tiene elementos sublimes y tiene momentos que te desmarcan por completo.

La actriz y productora Silvia Marsó se debió enamorar de este montaje cuando lo vio en París. Se lo trajo y lo produjo ella misma. En España hemos llegado tarde a los musicales -ahora, quizás lo estemos pagando con tanta oferta-, pero lo que es indudable es que no habíamos visto nunca una obra musical montada sobre la corta novela del austriaco Stefan Zweig (del que celebramos el año pasado el 75 aniversario de su suicidio en Brasil), 24 horas en la vida de una mujer, un relato de 100 páginas en el que una mujer cuenta lo que vivió en un día cuando conoció a un joven ludópata en Montecarlo.

La novela, que tiene el sello trascendente de su autor, un recalcitrante suicida, abordaba las presiones del ambiente a la hora de poder desarrollar nuestros deseos en libertad y, sobre todo, reivindicaba a la mujer y su derecho a elegir por encima de los condicionantes, en este caso, de clases sociales, religiones y encorsetamientos de la tradición.

Lo dicho, la novela de Zweig es un referente de la literatura contemporánea. Ahora, los franceses Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuong escriben un texto que sintetiza al máximo una obra casi psicológica y el ruso Sergei Dreznim compone la música. El efecto final es sorprendente para bien y para mal. Confieso que disfruté de la interpretación de la Marsó, de Ansola y de Torres, del escenario de Arturo Martín, del vestuario de Ana Garay: chapeau por la producción. Pero en los momentos en los que las canciones sonaban a musical de Disney se me subián los colores de vergüenza ajena. Con todo, hay momentos maravillosos. Al final me decanté por disfrutar.

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