Raúl Cortés | Dramaturgo y director de escena

"Sin las periferias, el arte tiende a una uniformidad tediosa"

  • El dramaturgo impulsa Ediciones del Bufón, un proyecto especializado en las artes escénicas que se inaugura con una antología de Alfonso Jiménez

Raúl Cortés en el Teatro del Bufón, en Morón de la Frontera.

Raúl Cortés en el Teatro del Bufón, en Morón de la Frontera. / Rocío Gómez

En dos décadas "con el teatro a cuestas", Raúl Cortés (Morón de la Frontera, 1979) ha ido alternando su prolífica y reconocida escritura dramática con proyectos escénicos de clara vocación independiente, ajenos a modas y mercados. Sus comienzos en Trasto Teatro (2002) desembocaron en el Teatro de la Decepción, propuesta que convertía en escenario el salón de su propia casa. Tras unos años en Latinoamérica que le han permitido investigar la dramaturgia política en países como Brasil o México, ha regresado a su pueblo para reivindicar su oficio desde la periferia. Ha puesto en marcha una sala, Teatro del Bufón, con compañía residente, La Periférica. Y ahora, como una rama más del mismo árbol, impulsa una editorial.

–¿Con qué propósito nace Ediciones del Bufón?

–Ser una editorial especializada en las artes escénicas –no sólo teatro– de la periferia. Y en concreto de Andalucía y Latinoamérica, aunque más adelante nos gustaría abrazar otras periferias como Canarias o África.

–¿Cómo explica el atrevimiento de crear una editorial en tiempos de pandemia?

–Hace un año volví de la periferia latinoamericana a la periferia rural española, a Morón. Y aquí montamos un teatro en el Centro Social Julio Vélez. Aún no habíamos terminado de acondicionarlo cuando estalló la pandemia. Con la desescalada, retomamos los ensayos de Sólo queda caer, la primera obra de La Periférica. Y cuando ya habíamos terminado el proceso de creación, llegó la segunda ola. Fue entonces cuando decidimos trasladar esa energía de la sala al papel, que no se quedara estancada.

–El primer libro será una antología de Alfonso Jiménez (Morón de la Frontera, 1931-Sevilla, 1995) con un título muy significativo: Contra el olvido. ¿Por qué esa carta de presentación?

–Para una editorial con vocación andaluza y periférica, radicada en Morón, era casi inevitable. Pero además hay una gran deuda con Alfonso Jiménez. Es una de las figuras genuinas de lo que se llamó Nuevo Teatro Español y sin él no se entiende el teatro contemporáneo andaluz. En los 70 y los 80, sus obras llenaban las salas de este país, con buena crítica. Sin embargo hoy se le ha olvidado. Por un artículo de Teresa Mora, supimos que su archivo personal se vendía al peso en el mercadillo del Jueves. Ese fue el último empujoncito que nos convenció para inaugurar la editorial con él. No podemos permitir que las generaciones que nos siguen lo desconozcan.

–¿Cómo han preparado su antología?

–Desde hace mucho, no se publican ni se montan sus obras. Por eso la idea es presentarlo, dar una visión lo más completa posible de su dramaturgia. Hemos elegido tres textos que nos llevarán de viaje por sus distintas corrientes: La murga, crítica social que está entre sus piezas más sobresalientes y reconocidas; Diálogos de una espera, que podríamos catalogar como comedia existencial; y Oración de la tierra, que pertenece a lo que llamó Teatro Ritual Andaluz. Además hemos conseguido material inédito y una pequeña joya que dejó inacabada: una obra que escribió a medias con Francisco Díaz Velázquez. Tenemos el original con anotaciones manuscritas y nos gustaría publicar esto más adelante. Nuestro objetivo es editar, con el tiempo, su biblioteca completa. Ahora, tras la antología de Alfonso Jiménez, vendrá un libro de la dramaturga colombiana Paola Guarnizo y otro de la coreógrafa malagueña Nieves Rosales. Y junto a los libros lanzamos Los Podcast del Bufón, que no queremos que sean sólo reclamos publicitarios. Aportan perspectivas complementarias. Quien lea el libro y además escuche el podcast va a tener un paisaje mucho más completo de la obra y el autor.

Portada de la antología de Alfonso Jiménez, primera referencia de este nuevo proyecto editorial. Portada de la antología de Alfonso Jiménez, primera referencia de este nuevo proyecto editorial.

Portada de la antología de Alfonso Jiménez, primera referencia de este nuevo proyecto editorial. / D. S.

–La idea de la periferia tiene gran peso en la editorial y en otros proyectos suyos.

–No entiendo que para poder apurar el sueño de vivir nuestro oficio los dramaturgos, los directores o los actores tengamos que irnos a las grandes capitales. Reivindico ser de pueblo y poder desarrollar mi oficio en el pueblo, dejar de mirar con inferioridad esos grandes centros de producción. En la periferia hay menos prisa y más sigilo. Y cualquiera de esos dos conceptos es fundamental para la creación. No es solamente que no queramos tener que irnos; es que creemos que aquí podemos trabajar igual de bien o mejor que en cualquier otro lugar. Se ha cohesionado el territorio históricamente a través de los flujos económicos, del comercio, aunque yo creo que la cultura también puede ser un potente elemento de cohesión.

–¿Cuánto hay de reivindicación identitaria en ese planteamiento?

–No sé si tiene que ver con una reivindicación de las raíces, pero sí puedo decir que los grandes centros de producción uniforman los relatos y los modos de expresión. Establecen una vía que se vuelve hegemónica y al final terminan reafirmando lo que ya existe. Sin embargo, las periferias –y hablo en plural– son una grieta en ese discurso hegemónico. La periferia no es sólo importante como contrapeso; es necesaria, porque si no el arte tiende a una uniformidad tediosa.

–A propósito del streaming y de otras herramientas que se han expandido durante la pandemia, ¿cree que la tecnología contribuye a esa uniformidad de los discursos artísticos o al contrario propicia su diversidad?

–Depende de cómo se use, pero no podemos hurtarle a las artes escénicas la presencialidad. Celebro que la pandemia haya roto algunos mantras, como el argumento de la cantidad, eso de que el éxito se mide en miles de espectadores. De repente, nos hemos encontrado con una situación en la que tenemos que hacer teatro para 20 personas, ¡qué interesante! Pero por otro lado nos deslizamos hacia un terreno movedizo. El streaming está bien como solución excepcional, pero la energía que va desde la escena a la platea no tiene nada que ver con el impacto de una pantalla. Hay que preservar el rito, es lo que ha permitido al teatro sobrevivir tantos años y a tantas plagas. Y luego hay otra cosa: el teatro te lleva a juntarte con gente. Cuando te juntas, perturbas. Y el teatro está para perturbar, sobre todo a los poderes establecidos. Es una necesidad básica en una época como esta, de un pensamiento tan único y dócil.

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