CICLO JUEVES FLAMENCOS Un recital a la medida de Ana Morales

  • La bailaora estrena hoy en la sede de la Fundación Cajasol, con todas las entradas agotadas, 'Lo indefinido'

La intérprete y coreógrafa Ana Morales en el patio de la Fundación Cajasol. La intérprete y coreógrafa Ana Morales en el patio de la Fundación Cajasol.

La intérprete y coreógrafa Ana Morales en el patio de la Fundación Cajasol. / José Ángel García

De padre sevillano y madre melillense, Ana Morales nació en Barcelona “porque los andaluces de arte nacen donde les da la gana”, según Manuel Herrera, hombre sabio y responsable desde hace años de la programación del ciclo los Jueves Flamencos de Cajasol.

Tras formarse en el Instituto del Teatro de Barcelona, con apenas 16 años, la bailaora llegó a Sevilla con una beca para la Compañía Andaluza de Danza, dirigida a la sazón por José Antonio, y desde entonces no ha dejado de crecer hasta convertirse en una de las mejores y más completas bailaoras de su generación. A su trabajo como primera bailarina en la citada compañía, denominada más tarde Ballet Flamenco de Andalucía, le ha seguido una carrera en solitario que, trabajo tras trabajo ha sabido conquistar a un número cada vez mayor de aficionados al baile. Desde una primera y balbuciente pieza en solitario titulada De sandalia a tacón, estrenada en el Festival de Jerez, a lo largo de los últimos años Ana Morales ha ido madurando con trabajos como Reciclarte, Los pasos perdidos o Una mirada lenta (amén de una serie de colaboraciones con artistas como David Coria, Esperanza Fernández o José María Gallardo) hasta llegar a su último fruto Sin permiso. Canciones para el silencio. Un espectáculo dedicado a su padre que vio la luz en la pasada Bienal de Flamenco y gracias al cual obtuvo el preciado Giraldillo al Baile.

Pero inquieta y trabajadora como es, Ana Morales no para ni un momento de inventar ni renuncia a expresar todo lo que bulle por su cabeza en este momento de madurez artística que atraviesa, aunque sea a través de lo que ella misma ha definido como “un sencillo recital hecho a mi forma” como el que presenta esta noche (con las localidades agotadas), a las 21:00, en el Centro Cultural de Cajasol, situado en la Plaza de San Francisco.

Lo indefinido, como he titulado este trabajo por su carácter abierto, está compuesto por una serie de piezas que tengo en mi repertorio y que me encantan y me conmueven cuando las bailo, como son la seguiriya y la petenera de Sin permiso… o la ronda de granaínas y tarantos de Una mirada lenta, y a las que he unido cosas nuevas que preludian de algún modo mi próximo espectáculo, un trabajo centrado en el equilibrio y el desequilibrio que me gustaría, cómo no, mostrar en la Bienal de 2020. Entre éstas últimas se encuentran la Nana de Alejandría y un par de fragmentos del poema Ciudad sin sueño (de Morente/Federico García Lorca) que canta Sandra Carrasco, una artista extraordinaria, no solo por su técnica vocal sino por su visceralidad y su presencia escénica. Será con ella con la que termine también el recital, con una soleá inspirada en la de Marchena, aunque estructurada para el baile, y con unas letras de Juan José Amador”, explicaba ayer la joven bailaora en la sede de Cajasol, durante la presentación del espectáculo.

La onubense Sandra Carrasco, que sorprendió a muchos en la Bienal de 2012 por su trabajo vocal y escénico en Romances, de Estévez y Paños Cía, se convierte así en la primera mujer que se une al equipo musical de Ana Morales, formado por el cantaor Juan José Amador, el guitarrista Juan Antonio Suárez Cano y el percusionista Daniel Suárez. Un equipo con el que, dice Morales, “comparto muchas cosas a nivel musical y, sobre todo, a nivel escénico porque son artistas –y en eso Sandra se ha integrado a la perfección– que se dejan llevar, que se abandonan a su arte aunque cometan algunas imperfecciones; gente que me enciende la piel y me hacen dar lo mejor de mí”.  

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