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Historia de San Michele | Crítica

El sueño de Italia

  • Siruela reedita en una nueva traducción las formidables memorias de Axel Munthe, el médico, escritor y humanista sueco que erigió en la isla de Capri un paraíso consagrado la belleza

Axel Munthe (Oskarshamn, 1857-Estocolmo, 1949) en Capri, hacia 1888.

Axel Munthe (Oskarshamn, 1857-Estocolmo, 1949) en Capri, hacia 1888.

Puede que el nombre de Axel Munthe no sea hoy demasiado conocido, pero en su día fue uno de los escritores más populares de la Europa de entreguerras, gracias a un libro autobiográfico, Historia de San Michele, que fue publicado en 1929 y cuya primera edición española, hasta donde sabemos, data de 1935, debida a las beneméritas prensas de Juventud y reimpresa en varias ocasiones en las décadas siguientes. Hemos visto el libro muchas veces en las librerías de viejo, pero no ha sido hasta ahora que lo hemos leído, en la traducción de Pablo González-Nuevo que acaba de publicar Siruela. Es una obra hermosísima, mucho más que las "memorias de un doctor", como cuenta el propio Munthe que la calificaron algunos en su momento, la obra de un esteta comprometido –valga la aparente paradoja– que encontró en Capri, donde diseñó la casa y los terrenos que dan título a su personal recuento, un remedo del paraíso.

La 'Historia' de Munthe se convirtió rápidamente en un 'best-seller' internacional

Alentado por Henry James, que había definido su residencia como el lugar más hermoso del mundo, el médico sueco abordó el empeño de su "asombrosa creación", como la calificara el novelista, en diálogo con el joven que había sido, que en la introducción a la primera edición inglesa le hace ver al autor ya maduro –al "pobre viejo" del presente de la escritura– que además de arrojar luz sobre los "preciosos fragmentos" que decoran sus espacios repletos de antigüedades ha dejado por escrito los "pedazos de arcilla" de su "propia vida rota". James había dejado constancia de la profunda impresión que le produjo la visita a San Michele en su crónica "La tarde del santo y otras tardes", reunida en el volumen –Italian Hours (1909)– donde el "turista melancólico" recopiló sus deslumbramientos en el país mediterráneo, que da cuenta de la llegada a la "isla prodigiosa", "bella, horrible y embrujada", y del soberbio monumento levantado por su amigo de la Ultima Thule, suprema encarnación del "viejo sueño de Italia". Veinte años después de ese homenaje, Munthe publicó la Historia, rápidamente convertido en un best-seller internacional. El propio memorialista recelaba de su éxito –"no me considero escritor y espero no llegar a serlo nunca"– y dictaminó muy juiciosamente que habría que esperar al menos a otra generación de lectores para que dictaminaran desde una posición no condicionada por la repercusión inmediata. Ha pasado casi un siglo y su relato no ha dejado de cautivar, tan sugerente y luminoso como entonces.

El solar de San Michele había alojado una de las villas que ocupó el emperador Tiberio

Desde su primera estancia a los dieciocho años, Munthe había quedado fascinado por Capri. En 1887 adquirió una antigua capilla en ruinas, en la parte más alta de la isla, edificada sobre un templo pagano en el solar de una de las villas que ocupó el emperador Tiberio, cuya figura reivindicaba frente a los retratos, ciertamente tendenciosos, de los historiadores Tácito y Suetonio. Allí construyó el complejo de San Michele, tras comprarle los terrenos al maestro Vincenzo, uno de los impagables secundarios que recorren las memorias. El nuevo propietario desenterró mármoles, mosaicos y capiteles, y poco a poco alzó en ese lugar milenario un sobrio pero exquisito conjunto arquitectónico, ampliado con sucesivas adquisiciones y rodeado por jardines con impresionantes vistas. Andando el tiempo, ante el acoso que representaban los numerosos visitantes, Munthe se instaló en un antiguo monasterio franciscano ubicado en las inmediaciones, la Torre di Materita, en compañía de sus perros y de su biblioteca.

Hablando continuamente de la muerte, Munthe transmite un vitalismo irresistible

Las memorias de Munthe han sido comparadas a las famosas de Stefan Zweig, otro ilustre visitante de San Michele, y es verdad que como ellas aportan el testimonio de un tiempo desaparecido. Él mismo afirma, no sin nostalgia, que "el mundo en el que vivíamos ayer no es el mismo de hoy". También comparten con las de Zweig, igualmente acostumbrado al trato con celebridades, el impulso filantrópico y el ideal humanista, pero Munthe, por su trabajo como médico en la primera línea, del que da buena cuenta en estas páginas, tenía una experiencia mucho más directa de las variedades del sufrimiento humano, y por otra parte su aventura es indisociable de la antigua atracción de los viajeros nórdicos por el mundo mediterráneo, centro de un recuento donde aún halla reflejo –pensemos en la Mallorca de Graves, o en las evocaciones de tantos otros extranjeros seducidos por las tierras que alumbraron la civilización grecolatina– una antigua forma de vida. Más allá de su singularidad y del atractivo del personaje, buena parte del encanto de la Historia de Munthe se debe a la naturalidad con la que fluye una prosa elegante y bienhumorada, que no teme abordar "la difusa frontera entre lo real y lo inverosímil", como cuando afirma, medio en serio medio en broma, que ha visto con sus fatigados ojos a un "auténtico duende". No es la menor de sus cualidades el que hablando continuamente de la muerte transmita un vitalismo irresistible.

Panorámica desde los jardines de San Michele. Panorámica desde los jardines de San Michele.

Panorámica desde los jardines de San Michele.

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