Cultura

La velocidad y el ángel

Baile, coreografía y dirección: Jesús Carmona. Cante: Jesús Corbacho, Fabiola Pérez. Guitarra: Daniel Jurado. Palmas: Vanesa Coloma. Lugar: Teatro Central. Fecha: Martes, 8 de abril. Aforo: Casi lleno.

Como diría Luis el de la Pica: supongo que ama, supongo que llora, supongo que ríe, supongo que añora. El arte de Jesús Carmona es eminentemente físico. Llevó a cabo un despliegue de recursos asombroso, dispuestos a una velocidad endiablada. Técnica y frenesí: Carmona es hijo de su tiempo, qué duda cabe. La puesta en escena es sencilla y efectiva, salvo en algunas superficialidades como las que vimos en los fandangos que, por otra parte, estuvieron deliciosamente bailados. Carmona posee una técnica brillante, que parece no tener límites físicos, y un gran oído. Es por ello que baila tan bien como cualquier buen aficionado a este arte conoce. ¿La emoción? Yo no la percibí: supongo que sufre, supongo que ama. Por eso fue un gran contrapunto el arte de Vanesa Coloma que, desde su condición en principio humilde de palmera, se erige en protagonista del espectáculo. El hieratismo de Carmona se convierte en Coloma en ángel que roza el histrionismo. Jaleando, improvisando y glosando la obra como fin de fiesta. Carmona ha huido, con mucha inteligencia, de los lugares comunes de la puesta en escena flamenca actual. Y con sólo cinco intérpretes ha compuesto una obra intensa y muy entretenida. De sus miedos y alegrías, poco sabemos. Es una opción, cada vez más extendida hoy día: el más difícil todavía. Más fuerte, más alto, más lejos. No es la mía. Me gusta que el intérprete se desnude en escena. Que apele a su humanidad. Pero ha de haber y hay, de hecho, artistas de todo tipo y, si usted no opina igual que yo, Carmona es su hombre.

7 balcones es una obra dinámica, fresca, que atrapa al espectador de principio a fin.

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