"Muchos votantes percibieron a Mas como un aventurero precipitado"
Lorenzo Silva examina las relaciones con Barcelona en su novela ganadora del Planeta 'La marca del meridiano', que presentó ayer en Sevilla junto a la finalista Mara Torres.
"Sí, se puede concurrir al Premio Planeta a cara descubierta. Yo lo hice con seudónimo, no para ocultarme del jurado sino porque se publica la lista de los finalistas y no quería pasar otra vez por la experiencia de los Goya, cuando me nominaron al mejor guión, ganó el premio Isabel Coixet y tuve que aplaudir mientras me enfocaban todas las cámaras de televisión". Con humor y desenvoltura, el ganador del Planeta 2012, Lorenzo Silva, respondía ayer en Sevilla a las suspicacias que ha desatado en algunos ámbitos el que su novela premiada sea la séptima entrega de su célebre serie policíaca protagonizada por los agentes Bevilacqua y Chamorro. Un libro titulado La marca del meridiano, "pensado para llegar al gran público, tal vez el más potente de mi pareja de guardias civiles", según Silva, que ha seducido a la crítica y los lectores prolongando una fiesta literaria que cuenta con vencedores tan respetados por él como Sender y Vázquez Montalbán.
En esta nueva trama negra, los agentes de Silva (Madrid, 1966) han de resolver un violento asesinato con pocos medios, "porque también a ellos les han recortado la paga extra", y de su celo profesional se vale el autor para "reivindicar el trabajo y a todas esas personas que le ponen fe, principios y convicción, sin ser más listas ni afortunadas que el resto. Aunque no aciertan siempre, Bevilacqua y Chamorro consiguen cosas porque son dos trabajadores que, además, se apoyan el uno al otro".
Lo que diferencia esta última entrega de las anteriores -aprecia su autor- es la existencia de dos historias paralelas. Por un lado, la criminal, con intrigas de corrupción dentro de la policía, tráfico de drogas y "el delito más repugnante, la esclavización de personas, en este caso mujeres, para su explotación sexual". El otro hilo argumental tiene que ver con Bevilacqua y la ciudad de Barcelona, en la que el protagonista vivió años atrás y adonde le conducen sus pesquisas. "En La marca del meridiano afloran episodios y fantasmas de su pasado, lo que le obliga a regresar a una historia personal que ya se anunciaba en 2005 en La reina sin espejo pero había quedado aparcada", contextualiza Silva, que destaca cómo ese viaje nos ayuda a entender lo que hace y cómo lo hace, su visión del sistema judicial, de los delincuentes... y de Barcelona.
El autor, casado con una catalana con la que acaba de fundar una editorial y que reparte su tiempo entre la ciudad condal y Madrid, tardó ocho años en escribir este libro en el que la Guardia Civil y los Mossos d'Esquadra suman fuerzas para solucionar los crímenes, "algo que no es una idealización porque quienes tienen delincuentes peligrosos que perseguir no están para perderse en florituras. La gente de a pie, la que está en el campo de batalla, se entiende porque le interesa hacerlo".
Sobre el resultado electoral, Silva cree que "buena parte de los catalanes de origen andaluz o extremeño a los que Mas atrajo en 2010 con el programa de un gobernante serio y riguroso, por contraposición al caos del tripartito, lo han percibido en 2012 como un aventurero que no ha acertado con esta apuesta extrañamente precipitada y que, además, les ha cerrado el hospital todas las tardes. Porque la gente no vota con la última canción de cuna sino con lo que está pasando. Y ahora en Cataluña se tarda muchísimo en comprar una medicina por el copago, el repago y el contrapago".
"Cataluña", añadió, "tiene una cultura propia y muy valiosa, empezando por su gran lengua. Yo no tendría problemas en reconocerla como una nación, como algo que presenta signos de identidad nacional. Pero lo que no ha tenido nunca Cataluña, y menos el domingo, es una mayoría decidida a afirmar su catalanidad como negación de lo español. Por eso, si esto no se reconduce en términos de diálogo vamos a perder todos. Y no cabe duda de que la solución al encaje de Cataluña en el resto de España debe protagonizarla CiU, que ha ganado las elecciones, aunque no sé si con Artur Mas, que se ha dejado buena parte de su capital político en esto", concluyó.
Mara Torres, finalista con La vida imaginaria, arranca su historia cuando a su protagonista, Fortunata Fortuna, se le rompe en pedazos su mundo tras una ruptura amorosa. "Su vida imaginaria no tiene que ver con la fantasía, ni con viajar a planetas diferentes: es la vida que pensamos cuando la real está pasando", explicó.
Torres, presentadora de La 2 Noticias y ex conductora del programa Hablar por hablar, asegura que encontró en sus madrugadas radiofónicas la fuerza del relato confesional, que sale de dentro, y dota a su criatura de una voz propia "con la que mucha gente se siente identificada. Y creo que lo hace con ella, y no con el resto de personajes que tiene alrededor, por su forma de ver el mundo. Cuando una tiene que renacer mira la vida con otros ojos".
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