Esta voz es una mina

En unos días estará en el mercado 'Las minas de Egipto', la segunda entrega discográfica de Argentina, joven y descollante realidad de nuestro cante

Esta voz es una mina
Esta voz es una mina

09 de diciembre 2009 - 05:00

Argentina María López Tristancho (Huelva, 1984) trata en su segunda entrega discográfica de conjugar el flamenco de tradición con la canción aflamencada a ritmo de tangos, bulerías, rumbas y balada. Eso sí, con unos arreglos fieles a la raíz y con las firmas de El Bolita, que pone su guitarra y la producción, Jaraqueño, Emilio Losada, Paco Cruzado ... Son temas cantables, fáciles, con estribillos pegadizos, arreglos de cuerda o vientos y pensados, en buena medida, en las radiofórmulas. La nana se aleja de estos ámbitos del pop aflamencado aunue también lo hace de Bernardo el de los Lobitos, que fue el que perfiló la versión clásica del estilo en los años 50.

Claro que eso no es lo que interesa de Las minas de Egipto. Hay otros metales más preciosos. El otro territorio de este disco que encierra joyas, es decir, la visión que la cantaora tiene de la tradición, se abre con unas alegrías en las que aún subsiste el estribillo coral, pero que ya presenta melodías clásicas. La voz grave de la interprete evoca, por tesitura, a Carmen Linares. Y es que Argentina, resultando rotundamente contemporánea, se aleja naturalmente de las soluciones vocales de la mayoría de sus compañeras de viaje, influidas por Estrella Morente, Niña Pastori y Camarón. Argentina exhibe por alegrías una frescura y una entrega prodigiosa.

Las bulerías son una fiesta en vivo en el local Casa Vela de Trigueros (Huelva). Portentosos los jaleos del Bobote y el Torombo, que se animan al final de la pieza a cantar. Los grandes referentes de la bulería del siglo pasado se asoman a este tema: Camarón, La Paquera, Fernanda... Los fandangos de Huelva vienen nombrados por sus autores: Rengel, Peque de la Isla, Rebollo, Paco Isidro ... y los tradicionales de Cabezas Rubias y Valverde (así llamados). Con la guitarra onubense de José Luis Rodríguez. Es posible que este tema sea el más redondo del disco con una voz rotunda, fresca, y con los matices de oro viejo de su timbre. Equilibrio entre legado y valores individuales.

Malagueña y granaína valiente siguen a pies juntillas, en letra y música, la obra de ese faro flamenco llamado Antonio Chacón. Por supuesto que Argentina se trae a su mundo, que es hoy el nuestro, el legado de este maestro. Porque puede, por sus condiciones vocales, tanto por fuerza como por afinación y técnica. En la garganta de Argentina la malagueña de Chacón no suena a museo sino con la naturalidad de lo recién parido. Esa es la gracia, claro: poner de pie la tradición, pero no como nostalgia de lo que fue, sino como instrumento al servicio de la expresión de emociones y vivencias, que siempre han de ser de hoy. Si no es así, carece de sentido alguno. En la malagueña del reloj se toma Argentina alguna libertad melódica mientras que en la granaína se muestra incontestable como lo que es: una de las grandes cantaoras de hoy. Personal, porque no es el eco de otras, pese a su juventud. La juventud de Argentina se expresa en otra característica cantaora fundamental: la lozanía vocal, la naturalidad en el decir. No hay impostura en el arte de esta cantaora. Todo lo que dice lo vive, y lo dice como lo vive. Y su dominio impresionante del compás en los estilos rítmicos no desmiente su familiaridad con el melisma más afiligranado. Todo el cante cabe en su voz porque puede y porque así se lo ha propuesto.

Cierro este comentario con la soleá que da nombre al disco, sacado de un verso tradicional. Con el único acompañamiento de la guitarra jerezana de Manuel Parrilla. Al comienzo el cante es íntimo, sin dejar de ser social, en la vereíta de la pena. Estilos lebrijanos y utreranos que se cierran por Triana. Lo más importante de este disco es lo más apegado a la tierra: falta de pretensiones de trascendencia o el cante como vuelta al origen, es decir, a una necesidad primordial de expresar emociones, en este caso la pena a flor de piel. El poderío de las condiciones físicas de Argentina hacen que las coplas de cierre se resuelvan en terrenos efectistas, lo cual no resulta contradictorio con una cantaora que cuando se mira al espejo ve a una muchacha de 25 años. Producido por El Bolita, el disco incluye, además de las mencionadas, las guitarras de Diego del Morao y Eugenio Iglesias.

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