Análisis

Setefilla R. Madrigal

Ministros

En este país uno es lo que es la primera vez que es algo. Aunque luego sea otra cosa, que está claro que lo será. Sobre todo en estos tiempos que corren en los que nadie se jubila en el trabajo donde ganó su primer sueldo, lugar en el que ya nadie lo recuerda. En este tiempo cambiante sujeto a modas y a obsolescencia programable, tenemos a presentadores de televisión que no pueden ser escritores, a los que se les presupone la inquietante etiqueta de escribiente de masas, a la que le sigue la de calidad o la de falta de ella.

Uno no puede ser salvo la profesión que escogió, como no puede ser un ministro que conecta, que dice, que se confiesa en artículos o novelas, ya sean escritos en papel o en digital. Uno no puede ser ingeniero o pintor o activista y dejar de serlo cuando le venga en gana para ser, de repente, otras cosas. Si tú vives aquí sólo se puede ser una y no unas pocas a la vez.

En estas fronteras, aún lastradas por el impás temporal de nuestra historia reciente, se es el desempeño de lo que te ha definido durante mucho tiempo, o por lo que la mayoría te reconoce en la que es tu ya diseñada e inamovible imagen social, como si la vida permaneciera inmutable ante el paso de los años, como si nunca nos fuéramos a morir o a cambiar de opinión o de pareja. Uno es también lo que escribe en sus redes sociales con una retrospectiva de 15 años atrás, dejando de lado la verdad indesdecible de que esta realidad es otra de las mentiras de este mundo paralelo que nos hemos inventado, en el que no existen normas y se puede desfogar a gusto.

El Rrose Sélavy de la era digital. La obra acabada que puede ser criticada sin tener en cuenta el contexto en el que surge. Todo se nos presupone identitario, de la misma forma que pensamos que los poemas no pueden hablar de la historia de otro porque está escrito en primera persona.

Uno es, a grandes rasgos, o periodista o cantante o juez, y lo será para el resto de sus días. Da igual si está al mando de un gran proyecto social, si da clases en la Universidad o si ha decidido dedicarse a la vida contemplativa y aprender a de una vez a tocar la guitarra. Así que cuidado con lo que eliges porque no podrás cambiar el rumbo ni aunque lo hagas.

Deberás cargar con la losa de la vergüenza cada vez que se te exija por ser algo que no eres. Ándate con ojo, no vaya a ser que sin saberlo descubras que puedes ser muchas cosas aparte de la habitual, o lo que es peor, que debes serlas, porque sólo de esta forma el mundo avanza más rápido, más justo, mejor, por el bien de todos y de todas.

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