Análisis

José Ignacio Rufino

Presupuestos: Podemos no engaña

Las cuentas públicas deberán afrontar la financiación de más de 5.000 millones de euros extras para el próximo añoLas condiciones de Podemos son coherentes, otra cosa es cómo se van a financiar

Si repasamos el aumento del gasto público que Podemos ha impuesto al Gobierno de Pedro Sánchez para darle su apoyo en la aprobación los Presupuestos Generales del Estado, sólo podemos reconocer coherencia en las partidas que suman nada menos que 5.138 millones extra: actualización de pensiones, subida de las mínimas y las no contributivas, 600 millones más en becas y subvención de material escolar, otros 830 para incrementar el gasto en dependencia (la ley más democrática y de más compleja -o imposible- financiación), ingreso mínimo vital, educación pública, comedores, investigación, más permisos de paternidad, violencia de género, bono eléctrico… Que la formación de Pablo Iglesias cambie su voto en la Cámara por un incremento del gasto con ese desglose de propósitos es, repetimos, sólo plausible si usted lo apoya conceptual y financieramente, y además es indudablemente una contrapartida política de naturaleza izquierdista o, si prefiere, social, o progresista, o socialdemócrata: elija usted el calificativo que prefiera.

Sin embargo, usted puede pensar, en otra onda ideológica, opuesta a la de dichas medidas, que todo ese gasto extra no hay quien lo financie -más gasto exige más ingresos, o el recurso a la deuda y al déficit mayor-, y que no sólo no va a generar un bucle milagroso de incremento de los ingresos, sino que estos PGE que se van a aprobar seguramente van a dinamitar el ciclo expansivo en el que entró la economía española hace unos cinco años, y que va a acelerar la desaceleración en curso y a ponernos de nuevo en una cuesta abajo sin frenos de crisis, deuda pública, desempleo y destrucción de lo conseguido, por no mencionar el impacto corrosivo de esta holgura social sobre ese grial de la prosperidad económica llamada "expectativas": de los particulares y las familias, de los mercados, de las empresas.

Estamos ante dos mapas conceptuales opuestos: "Creo que ese gasto se va a financiar creando un círculo virtuoso de consumo y una pequeña ayuda en forma de clavada de impuestos a los ricos y la banca, y si no, pues se tira de déficit". Frente a: "Creo que esto no hay quien lo pague, y estos socialistas y comunistas nos llevan otra vez, como con Zapatero, al hoyo". Elija, yo estoy patidifuso aún.

Evidentemente, las medidas me parecen loables, deseables. Sucede que no son gratuitas en absoluto. Sí afirmo que esto se veía venir. Que a Podemos le es aplicable la fábula del escorpión que pide a la rana que le ayude a pasar el río, y que cómo la va matar, si así se ahogaría él también… y le pica a mitad de la travesía, y cuando la rana va a morir y pregunta: "¿Por qué me matas, si tú también vas a morir?", el insecto responde: "Porque es que yo soy un escorpión".

Podemos es Podemos; si podemos cubrir este excedente repentino de coste público, es otra cosa. Reitero que la subida de impuestos a las clases medias, por directa, indirecta o diferida o camuflada era de cajón ya cuando se pactó el quid pro quo por venir en la moción de censura a Rajoy, tan multicolor.

La Bolsa ha encjado el anuncio muy malamente. Veremos cómo evoluciona, cómo evoluciona ese nuevo Lehman Brothers que algunos afirman que es la economía italiana, y por qué anuncia Draghi ahora su abandono del BCE. ¿Se acabará la barra libre de compra de deuda? En esa hipótesis, estos Presupuestos son una caja de bombas. Y eso no depende de la economía española. Al revés, sí: la economía española depende de esa facilidad financiera brutal y ya crónica y tenida por cierta.

Hay una medida estrella, también impuesta por Podemos en la negociación: al aumento del salario mínimo. Esto no lo pagan los PGE y merece comentario aparte. Y lo apoyo, vaya eso por delante. El salario mínimo español es -era- una de las grandes vergüenzas macro de España. Subirlo un 20% es tan justo como arriesgado. Es ocioso y artero esgrimir certezas en los efectos económicos para justificar la propia ideología.

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