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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Abre los ojos

De pronto quedan muy lejos todos los temas que hasta hace una decena de días marcaban la actualidad de Sevilla

Afinales de los años noventa, Alejandro Amenábar, entonces uno de los directores más prometedores del cine español y hoy con merecido prestigio internacional, estrenó una película que en su momento llamó la atención: Abre los ojos. No les voy a contar mucho, sólo que, en una de sus escenas, fundamental en el desarrollo del argumento, el protagonista, Eduardo Noriega, en una pesadilla tras un accidente que le desfiguraba el rostro, se veía solo, inmensamente solo, en medio de la Gran Vía de Madrid, sin un solo coche circulando, sin un solo peatón ni una tienda abierta. Lo más estremecedor de la escena es que no se producía en medio de la noche. No, el silencio y la soledad en una de las calles más animadas de Europa estaban enmarcados por una intensa luz de mediodía. Eso era lo que daba miedo.

Esta semana me ha tocado sentirme como Eduardo Noriega en Abre los Ojos. Un fantasma transitando por una ciudad fantasma. Por el camino más corto hasta la redacción de Diario de Sevilla he podido ver a plena luz de la mañana casi primaveral una calle Tetuán sin otra persona que yo mismo o una Plaza del Duque con la única presencia de autobuses de Tussam a la espera de viajeros que probablemente no llegarían. Nunca había pensado que algo así pudiera llegar a suceder, que un miércoles o un jueves se pudiera recorrer las principales calles del centro de una ciudad como Sevilla en absoluta soledad.

De pronto quedan muy lejos los temas que hasta hace apenas una decena de días estaban en primer plano de la actualidad, desde la burbuja hotelera a la limpieza de las calles, desde los planes municipales para peatonalizar el centro hasta la ampliación del tranvía hasta Santa Justa. Y, claro, el horizonte de la Semana Santa y la Feria como el periodo en el que ciudad era capaz de mostrarse al mundo como uno de esos lugares con los que merece la pena soñar.

Sevilla va a superar esta crisis como tantas otras a lo largo de la historia -las epidemias devastadoras están en el ADN de la ciudad-, volverá ser la de siempre y esto quedará como un mal recuerdo que se transmitirá de generación en generación. Las heridas económicas van a ser importantes y las sociales también. Quizás sería un buen momento para replantearse algunas cosas que ahora están demostrando las debilidades de Sevilla y que, cuando los contagios y la emergencia sanitaria terminen, dejarán ver todos sus efectos. Un buen momento para demostrar nuestra fortaleza como colectivo y, como en la película de Amenábar, abrir los ojos.

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