¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Benigno y los gitanos

Benigno pasó la guerra buscando campamentos gitanos para comprarle caballos para el Ejército

Conducía por la carretera que une a Villafranca de los Barros con la Fuente del Maestre, al sur de la provincia de Badajoz, cuando tuve que frenar bruscamente. Una tribu de gitanos -aunque bien podrían ser un grupo de guerreros aqueos- pastoreaba una potrada que ocupaba toda la calzada. Circulaban al trote, sin prisas ni apuros, con claro desprecio al código de circulación y, en general, a toda la legislación vigente. La imagen era homérica, con jinetes montando a pelo y en hermandad, desnudos de cintura para arriba, mostrando los torsos broncíneos, digna escena de cerámica. El cuadro me recordó a una conversación con Antonio Castro, el librero de viejo que ahora tiene su cueva de las maravillas en Los Terceros. Fue él quien me dio la primera noticia de Benigno González, un militar y periodista sevillano que, como algunos ingleses y franceses, sintió una profunda fascinación por el pueblo gitano. Durante la Guerra, Benigno González se dedicó a recorrer las sierras andaluzas buscando campamentos gitanos a los que comprar caballos para el Ejército Nacional. La balacera del 36-39 era algo que no le incumbía a aquel pueblo nómada y desconfiado; el negocio de las bestias, como siempre, sí.

A lo largo de su vida, Benigno González fue reuniendo un amplísimo fondo histórico y antropológico sobre los gitanos que, pasado el tiempo, terminó en manos de Antonio Castro para su venta. Ninguna institución española quiso comprarlo y acabó en manos de sir Angus Fraser, que era jefe de aduanas de la ciudad de Londres y especialista en temas gitanos. Al morir este, lo donó a la Universidad de Mánchester. Lo único que quedó en Sevilla de ese material fue un curioso manuscrito anónimo, firmado por el Bachiller Revoltoso, con noticias de la gitanería de Triana entre 1740 y 1750, y del que se hizo, en 1995, una edición a cargo de la Junta Municipal del barrio con motivo del XXIV Congreso de Flamenco.

Sobre Benigno González emprendí una investigación gallinácea y diletante, preguntando por aquí y por allá cuando me acordaba, consultando algún archivo, interesándome tanto por su condición de periodista como de militar vinculado a los servicios de información del Ejército. En una de mis catas encontré una crónica periodística suya sobre un labrador de Benacazón que aseguraba haber sido agredido por extraterrestres. En este oficio hay que hacer de todo. Imagino, sin embargo, que durante toda su vida este Lawrence de Sierra Morena recordó con nostalgia aquellos años recorriendo montes en busca de gitanos emboscados, la picaresca del trato y su remate con morapio y viandas. Aquello requería sumar las habilidades del explorador y del buhonero. Hay otra historia de la Guerra Civil, menos dramática y exaltada, que merece la pena ser atendida. Berlanga ya contó algo, pero queda mucho todavía.

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