Las dos orillas

josé Joaquín / león

Democracia orgánica

FRANCO no ha vuelto, pero podría llegar en cualquier momento. Con la Transición pensamos que España había superado el traumático problema de la Guerra Civil, pero con el tiempo han aparecido memoriosos históricos, que ignoran la historia propiamente dicha y se empeñan en resucitar lo que ya fracasó. Hasta tenemos un líder andaluz de IU, Antonio Maíllo, que tras pactar con el PSOE en la Junta, pretende rescatar para las elecciones un Frente Popular, que fue la antesala de una guerra de tres años. Eran otros tiempos, sí, pero cada vez se parecen más.

Y luego está la democracia orgánica, que ha resucitado. El franquismo no se veía a sí mismo como una dictadura, sino como una democracia orgánica, con los tres tercios electorales: familia, municipio y sindicato. Además de contar con un movimiento único para todos los del régimen.

Ahora se dice más o menos lo mismo, pero desde la izquierda iluminada. Disfrazan las siglas con nombres asépticos, como Podemos, Ganemos o cualquier cosa de tipo plural. La democracia orgánica original llegó a ser defendida por krausistas. Pero el franquismo la utilizó después para desprestigiar a los partidos políticos y sus ideologías, a los que consideraban causantes de los males de España.

Ahora vemos, por ejemplo, que el PCE se integró en Izquierda Unida para esconder la hoz y el martillo. También vemos que ya nadie habla de marxismo, ni de leninismo, ni siquiera de socialismo democrático. Sólo se menciona a la izquierda (que es una ubicación, con buen rollito) y al progresismo (que parte del error de que el progreso siempre avanza bien, y no asume que a veces se progresa fatal y estamos peor que hace 10 años). En este nuevo tiempo, se están cargando la democracia de los partidos políticos que prohibió el franquismo. Y estamos en pleno auge de la democracia orgánica y anárquica, en la que se pretende aprobar todo en asambleas de amigos, círculos y no sé sabe qué más.

Aprovechando el momento, cierta extrema derecha copia los métodos de cierta extrema izquierda. Okupan un edificio, en el madrileño barrio de Tetuán, y se enzarzan a palos. Es lo que pasa cuando el protagonismo se traslada a la calle, en vez de estar en las instituciones representativas. La democracia languidece y se enmascara, por no reconocer que los abusos de algunos corruptos no pueden cuestionar un sistema que se basa en la libertad.

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