Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Europeos

QUÉ tontines éramos cuando la marca España era un país que se buscaba a sí mismo y unos cuantos paisanos representaban a la bandera por canchas deportivas, con más pena que gloria; y otros pocos llevaban el estropeado nombre nacional por citas culturales, verbenas y festivales de la canción. Qué tontines éramos cuando la canción española era siempre la favorita en el Festival de Eurovisión. Lo decía el público con los aplausos en los ensayos, los periodistas extranjeros, que como eran extranjeros sabían mucho más que todos nosotros, los expertos bigotudos y hasta los músicos de las orquestas, que temblaban cuando pronunciaban "Spain". Ten points.

España siempre era favorita, más o menos, en el Festival de Eurovisión. Lo decía el Infortunado Uribarri, o el también entusiasta Miguel de los Santos. Por eso después nos dolían más las envidiosas bofetadas del jurado. Cuando el teléfono rulaba por todo el continente y al final el representante español, tipo Jaime Morey, Trigo Limpio o La década prodigiosa (qué grandes aportaciones al Spotify), se tenía que conformar con unos puñados de interesados votos, y se quedaban con la cara partida a fuerza de sonreír a desgana.

En contadas ocasiones fuimos realmente favoritos a priori en Eurovisión (Mocedades, Sergio Dalma, Anabel Conde). Todo lo demás eran voluntariosas engañifas del locutor de TVE. No nos engañemos más. Además, Massiel se puede quedar tranquila porque nunca, en siglos, volveremos a ganar. Desde que las casas de apuestas ponen las cartas boca arriba, no hay paños calientes. El sueño de Morfeo quedará de los últimos y ganará Dinamarca. Lo demás, relleno continental para el día 18.

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