La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Eutanasia y barbarie

Luchar contra el sufrimiento matando es una barbarie agravada por el escandaloso déficit en cuidados paliativos

El Comité de Bioética de España ha rechazado por unanimidad y sin votos particulares los fundamentos de la ley de eutanasia que se tramita en el Congreso. Su Informe sobre el final de la vida y la atención en el proceso de morir rechaza que la eutanasia y el suicidio asistido sean considerados un derecho y se incluyan entre las prestaciones públicas, y urge a dotar de medios una "verdadera sociedad del cuidado" que en lugar de la eutanasia ofrezca cuidados paliativos universales incluyendo la sedación paliativa en el caso de "sufrimiento existencial refractario".

Hay que recordar que estas son praxis actualmente vigentes. El problema es que son caras y que no todos los centros están en disposición de ofrecerlas. España es escandalosamente deficitaria en cuidados paliativos. Hace muchos años que las asociaciones médicas españolas e internacionales lo denuncian. En 2006 el presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos denunciaba que España contaba con un total de 1.500 camas para cuidados paliativos, cuando necesitaría 4.100. Una década más tarde el presidente de la Asociación Europea de Cuidados Paliativos, en el XV Congreso Mundial de esta asociación celebrado en Madrid en 2017, dijo que no se entiende que "siendo una área reconocida y acreditada en la mayoría de los países de nuestro entorno, además de un derecho de los pacientes en el final de la vida, los profesionales en España sigan después de 20 años sin una acreditación que reconozca su experiencia y dedicación a la atención integral al final de la vida". En ese mismo congreso, el presidente de la sección española lamentó que la atención especializada llegara a menos del 50% de la población que requiere cuidados paliativos. Y las cosas no han cambiado sustancialmente.

En esta situación, luchar contra el sufrimiento matando es barbarie. El informe del Comité de Bioética advierte de que la legalización de la eutanasia es el inicio de "un camino devastador" en la protección de la vida humana cuyas consecuencias son "harto difíciles de prever". Y, lo que comparto en cada una de sus palabras, considera que la eutanasia no es un signo de progreso, sino un "retroceso de la civilización" debido a que en el actual contexto el valor de la vida de las personas se suele condicionar a criterios de utilidad social, interés económico, responsabilidades familiares y cargas o gasto público.

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