el periscopio

León / Lasa

Husos horarios y usos sociales

Hasta 1942 tuvimos la misma hora que Portugal y Reino Unido, pero ese año Franco decidió alinearse también en términos horarios con Berlín

OBSERVO por pura curiosidad un mapa de Europa pintado en diversos colores de tonos vivos: amarillo, verde, rojo, azul. Las manchas se expanden uniformemente de este a oeste en sentido horizontal. La mayor parte del continente, a excepción de Portugal y Gran Bretaña, aparece teñida de colorado. También España. Corresponde al llamado huso horario de la Europa central. Pero, a nada que se preste un poco de atención, se puede ver que resulta chocante el que, estando situados geográficamente casi en paralelo a Inglaterra, con una hora menos, aquí compartamos horario con Berlín o Praga, a miles de kilómetros hacia el este. Aparentemente es un verdadero disparate sobre el que no se ha llamado suficientemente la atención, pero que nos ayudaría a explicar muchas de las peculiaridades de nuestra forma de vida. Es más, determinadas capitales como La Coruña, Sevilla, Huelva o Cádiz se alinean en longitud con Irlanda o Portugal. Una de las consecuencias más evidentes de este desfase desatinado es que en España amanece y se entra a trabajar más tarde que en ningún otro lugar de Europa, y también los horarios comerciales se prolongan más que en ningún otro punto del continente, con todo lo que ello conlleva de rémora para la tan cacareada armonización de la vida familiar con la laboral, entre otras cosas.

De jovencito siempre me había llamado la atención que en las películas europeas las familias desayunaran juntas antes de ir al trabajo a plena luz del día. Las gracias, según parece, hay que dárselas a Franco. Lo ignoraba por completo, pero resulta que hasta 1942 tuvimos la misma hora que Portugal y Reino Unido, y que en ese año, por razones políticas -la batalla de Stalingrado todavía no había tenido lugar y éramos, más o menos solapadamente, aliados de los nazis- el régimen franquista decidió alinearse también en términos horarios con Berlín. Con el perjuicio de que allí amanece un par de horas antes que en Santiago de Compostela. Vivimos, como se ha escrito en algún lado, en un jet lag permanente y, si se tienen en cuenta esas circunstancias, se termina por comprender que, en términos solares, desayunamos, almorzamos y cenamos en tiempos parecidos al de nuestros vecinos, pero a horas diferentes por mor de ese desquiciado huso horario que hemos adoptado. Y uno se pregunta, si no hemos dejado rastro en nuestras calles de la época franquista, ¿por qué mantenemos ese sinsentido, mucho más importante? Lo desconozco, pero para los expertos en la materia, vivir por delante de la hora solar tiene consecuencias nefastas en la calidad de vida de los españoles. En Europa, a las seis de la tarde casi todo el mundo está en casa. Aquí no, aunque, también es verdad, no siempre en el trabajo.

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