Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

'Jaus'

AHORA le llaman a estas series "procedimentales": estalla un caso, los protagonistas se encargan de solucionar el problema o resolver el enigma, y el episodio concluye de forma cerrada. Los guionistas, sin son norteamericanos, le añaden unas gotas de color, como una tensión sexual no resuelta o un detalle de la trastienda del héroe, para humanizarlo. Y puede haber también una trama originaria que va desarrollándose pero en muy segundo plano. House es uno de los mejores ejemplos de la engrasada creatividad norteamericana. Si se compara con una serie española, el producto nacional chirría, porque al tener que durar hora y media las tramas se ensanchan tontamente, los lazos sentimentales se entrecruzan y se sazonan varios casos a la vez para que aquello dure lo que tenga que durar, a criterio de los directivos y la publicidad. Si uno se hace adicto a una serie americana como House comprueba la sangría que se perpetran contra las historias nacionales, que para durar más parecen desarrollarse a una velocidad más lenta. Tienen mucha paja en los diálogos.

House llegaba ayer a Cuatro a su episodio número 100 y desde el primer minuto es un tobogán que desemboca 45 minutos después en los títulos de crédito. Siguiendo un esqueleto previsible (tal vez demasiado previsible como algunos se quejan), el episodio arranca con impacto del enfermo, que en esta ocasión, al ser una doctora, hasta describía los síntomas. El equipo del cojo irritable debate y duda y en un giro inesperado, a contrarreloj, se llega a la resolución satisfactoria del paciente (aunque hubo alguno que se quedó fiambre). Para variar el esquema, la historia humana se ha ampliado con el tira y afloja de la doctora Cuddy y los traumáticos romances de Foreman y Trece. Pero es una taquicardia guionista al lado de nuestra series.

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