Dos banquillos de ganadores silenciosos

Lopetegui y Pellegrini enaltecen la profesión desde el trabajo diario y el segundo plano

Ha pasado por aquí cada personaje que ver al frente de Sevilla y Betis a dos entrenadores serios, con personalidad, que huyen del protagonismo y que sólo buscan mejorar a sus equipos desde el trabajo hace que estemos de enhorabuena. Frente a auténticos payasos del área técnica, provocadores empedernidos y profesionales del traje y la imagen, Julen Lopetegui y Manuel Pellegrini ganan en chándal, con el escudo en el pecho y, haciendo el símil, se resguardan en el techo de aquellos banquillos antiguos, con toldito y foso en los que el fútbol se respiraba a ras de césped y del entrenador sólo se veían las manos. Las estrellas son ellos, los jugadores, y el toreo de capa en las ruedas de prensa lo interpretan como Juan Ortega en la Maestranza. Despacio, sin levantar los pies del suelo y con las manos abajo.

Hablando del coso taurino, a algunos se les vio más por los tendidos –por supuesto de gañote– que en los partidos del filial de su equipo, no daban entrevistas a los medios locales, pero opinaban de todo en El Larguero madrugada sí y, si se encartaba, a la siguiente también.

Si encima los resultados se reflejan cada lunes en la clasificación, ¿por qué a veces nos empeñamos en llevarles la contraria? Hace tiempo que no coincidían al unísono dos buenos entrenadores en los equipos sevillanos y ahí están los frutos. Buenas sensaciones en Nervión y buenas sensaciones en Heliópolis, las tertulias de los bares animándose y los equipos compitiendo en Europa y en zonas nobles en la Liga. Pero, sobre todo, dando la sensación de que son buenas personas, sin más intereses personales que no sea ganar y ganar, sin bombardeos desde Twitter, profesionales equilibrados, serios, que están a gusto en segundo plano y que no dan que hablar. El talante del ganador que se lleva. Currante y discreto.

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