La ciudad y los días

Carlos Colón

Mal pertrechados para la crisis

UN nivel de consumo aceptable, según los parámetros que de lo aceptable se tiene en el primer mundo, es la única garantía de la paz social. En Inglaterra o Alemania se anuncian los ajustes más duros desde la posguerra. Pero que no cuenten con el espíritu de sacrificio y la voluntad de reconstrucción que entonces tenían los ciudadanos. George Steiner ha escrito: "Quienes conocen la Europa oriental de las décadas negras, o Gran Bretaña en sus tiempos de austeridad, sabrán que las solidaridades y creatividades humanas pueden tener su origen en la relativa pobreza".

La Europa actual no parece estar preparada para afrontar solidaria y creativamente estos tiempos de austeridad sin fracturarse socialmente. La crisis le ha cogido con los deberes educativos, éticos y de formación en valores sin hacer. "Europa occidental -escribía Steiner hace seis año- tiene el imperioso deber de elaborar y llevar a efecto un humanismo secular…. Tal vez la Europa de Montaigne y Erasmo, de Voltaire y Kant puede una vez más ofrecer una orientación… Es entre los hijos de Atenas y de Jerusalén, a menudo cansados, divididos y confusos, donde podríamos volver a la convicción de que la vida no reflexionada no merece realmente la pena ser vivida… Ganar dinero e inundar nuestras vidas de unos bienes materiales cada vez más trivializados es una pasión profundamente vulgar, que nos deja vacíos".

¿Qué pasará cuando los duros sacrificios impuestos por la crisis se afronten desde este vacío, sin ese solidario espíritu de sacrificio de la posguerra y sin el apoyo de esos valores éticos? ¿A qué precio de tensiones y violencias sociales pagaremos no haber construido un humanismo secular para ofrecer una alternativa al "despotismo del mercado de masas" que ha ahogado los valores de la Europa de Montaigne, Erasmo, Voltaire o Kant "en el consumo ostentoso y la uniformidad de los modelos americano y asiático-americano"? Si hemos arrojado de los planes de estudio el humanismo, despreciado la educación en valores y despilfarrado la herencia de Atenas y Jerusalén, ¿cómo responderán a las restricciones (que, como ha dicho Gordon Brown, cambiarán los modos de vida durante años) quienes han sido deseducados y reprogramados para basar su felicidad en el consumo de trivializados bienes materiales y en la satisfacción de pasiones vulgares?

Ni una ética, ni una ideología, ni una creencia, ni un proyecto de transformación social mantienen a nuestras sociedades cohesionadas y en paz. Sólo los centros comerciales, las nuevas catedrales o casas de pueblo, lo logran. ¿Qué pasará cuando se restrinja el acceso a ellos?

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