Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Meninges

POR fortuna en este ¿Qué apostamos? no tenemos que aguantar a Ana Obregón; pero sí a su transfiguración popera, rescoldo de una movida deconstruida, Mario Vaquerizo, tan indispensable, y ya tan cansino, bajo unos focos como Santiago Segura en un programa de prime time en Antena 3. En Increíbles. El gran desafío, un típico espacio para una noche tan familiar como la del viernes, se colocan en autodesafío portentos de las neuronas pero sería aún más divertido (o terrorífico) si pusieran antes en las pruebas al propio Mario Vaquerizo. Nos gustaría haber visto dónde hubiera colocado en el mapa a Macedonia en la apuesta geográfica que superaba con autoridad una niña de siete años. Carlos Sobera, otro ingrediente fundamental de los guisos de los viernes en el 3, conduce con solvencia, como siempre, un programa de estas características, sin caer por aquellas veredas cursis de su paisano Ramontxu. Llevando por las bridas a su trío de apoyo (además de los mencionados, Chenoa, otro perejil), el animador va sucediendo la galería de retos excepcionales como resolver cinco cubos de Rubik con los ojos vendados, prueba que el protagonista no superó por apenas un par de movimientos. Otro pequeño, que de primeras parecía un poco relamido, demostró una retentiva prodigiosa.

Increíbles… es un espectáculo de la materia gris en un programa suave al que le han de añadir a los famosos para que tenga su debida pimienta. Resolver un supersodoku como hizo un 'teleco' tiene su emoción, aunque necesita de una puesta en escena de show para captar a los de casa. El futuro de este ¿Qué apostamos, empollón? depende de sus participantes. En este país, que sepamos por ahora, hay materia prima.

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