Crónica Levantisca

juan Manuel / marqués Perales

El Plan Susana

LA presidenta de la Junta no anunciará en el Debate del estado de la Comunidad el adelanto de las elecciones andaluzas, lo que no significa que éstas, en efecto, no se anticipen. Se sigue esperando. Izquierda Unida, ya se sabe, aguanta como un buzo debajo del agua: es como un boxeador noqueado, el contrincante le golpea para que se aparte, pero el púgil trastornado se pega como una lapa por miedo al vacío. Izquierda Unida no da motivos para la ruptura, al menos por discrepancias en el Presupuesto, aunque su querencia hacia Podemos sí está siendo vista por el PSOE como un desafío a la lealtad de la coalición. Susana Díaz ha declarado que nunca pactará con Podemos, y este partido nunca gobernará con la formación del caso de los ERE. De este modo, la coalición PSOE con una IU tendente a Podemos se volverá imposible. Si el PCE en Andalucía decide, finalmente, dar una mano a Podemos, o al Frente Popular del que habla José Manuel Mariscal, se habrá dado un paso hacia esa ruptura.

Esto es tactismo, el uso de un adelanto a las bravas como un instrumento electoral. Las prioridades de Susana Díaz deben ser otras en este primer aniversario de su elección por el Parlamento. Una vez que la presidenta decidió no subirse al carro madrileño para marchar a Ferraz, no debe apartar la mirada de su gestión, por lo que debe repasar su discurso de investidura.

Andalucía precisa acercarse a dos objetivos que ella misma citó en septiembre de 2013. El primero es el del hilado del un nuevo tejido económico, que no es una empresa de corto ni de medio plazo, pero que debe comenzar a verse en una disminución del diferencial de paro de Andalucía respecto a la media española. El objetivo inmediato puede ser bajar del millón de parados, y es posible que se consiga en octubre, pero lo que importa es si la comunidad dejar de estar 10 puntos por encima de la tasa de desempleo del país. Díaz ha iniciado un interesante camino con sus amigos del Íbex como escaparate para el resto de inversores, pero debe profundizar en ello. Y hay un hecho primordial, citado hace un año, pero del que poco o nada se sabe: la reforma de la Administración autonómica. Ésa sería la prueba del algodón de su voluntad de acabar con el clientelismo, ese epígono de la corrupción. No se trata siquiera de disminuir el gasto público, sino de distribuirlo de otro modo para dar más fuerza a la educación y a la sanidad, que andan tocadas. Esto es lo sustancial, no los augures electorales.

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