Restauración Una nueva vida para el tranvía 314 de Sevilla

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Política para adultos

Un partido no es ni Nicolás Redondo Jr. y Joaquín Leguina, que apoyaron a Díaz Ayuso, ni Álvarez de Toledo

Teodoro García Egea manda en el PP, y ése es el problema, pero no la novedad en un partido donde la pulsión aristocrática nunca se ha perdido del todo. Cuando José María Aznar llegó de Valladolid, sufrió el desprecio de algunos de los pata negras de la anterior Alianza Popular, hasta el punto de que alguien llegó a verlo alguna tarde con lágrimas de rabia en el despacho de Génova. Álvarez Cascos fue su secretario general, y llegó a mandar tanto que se ganó el apodo de general secretario. Se le temía. A Mariano Rajoy estuvieron a punto de tumbarlo, después de que el nuevo líder se deshiciera en el Congreso de aquellos dirigentes que estuvieron con Aznar en la teoría de la conspiración de los atentados del 11-M. Javier Arenas le blindó contra aquella nobleza madrileña, y mediática, que quiso llevar al gallego al matadero en el que iban a convertir el congreso de Valencia.

Teodoro García Egea no es de Madrid sino de Cieza, y no es abogado del Estado, sino ingeniero de Telecomunicaciones, pero su problema con la aristocracia del barrio es que manda. Quiere que el PP funcione como un engranaje que marque a cada cargo y representante público cuál es la opinión del partido cada mañana. Puede que sea brusco y un tanto bruto, pero es que así es como deben funcionar los secretarios que se dedican a los asuntos internos de los partidos. No es necesario recordar los poderes que ejercían Alfonso Guerra y Carmen García Bloise, que era conocida dentro del PSOE como la KGB por las iniciales de sus nombre y apellidos.

Eso es un partido, se construye como una orden monástica que tiene sus reglas o una empresa de moda, con sus patrones y estilo, lo demás son los versos libres. ¿Y qué no es un partido? No lo son Nicolás Redondo Jr. ni Joaquín Leguina, que hicieron campaña junto a Isabel Díaz Ayuso en las pasadas elecciones madrileñas. Ni Cayetana Álvarez de Toledo, que se despidió de Rajoy con una carta pública de crítica acusatoria cuando se marchó del PP por primera vez, y de Pablo Casado con un libro en su segunda escapada. Ahora flirtea con Ciudadanos en este cante de ida y vuelta de la derecha, al que también se apuntó Mario Vargas Llosa aunque aún no sepamos en qué dirección va ahora. Si entrando o saliendo del casadismo. Me gusta el título del libro de Rajoy: Política para adultos.

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