Editorial

Sólo un avance en la financiación

LA garantía de que cualquier ciudadano español, viva donde viva, tendrá la misma financiación de los servicios públicos básicos (salud, educación y servicios sociales) y la mayor autonomía financiera de las comunidades autónomas, que recibirán del Estado un porcentaje mayor de lo recaudado por IRPF, IVA e impuestos especiales, son las dos premisas básicas del nuevo modelo de financiación autonómica, según el documento presentado el martes por el vicepresidente Pedro Solbes y que ya había sido adelantado por Zapatero a los presidentes autonómicos con los que se ha entrevistado en los últimos días. El nuevo modelo incluye la implantación de tres fondos: el de garantía de servicios públicos fundamentales ya mencionado, el de suficiencia global, que irá destinado a financiar el resto de las competencias transferidas a las autonomías, y el de convergencia autonómica, cuya finalidad es ayudar a las comunidades con rentas por debajo de la media. Las reacciones han sido las esperadas. La mayoría, incluidas autonomías gobernadas por el PP que se beneficiarán de la alta consideración que el modelo de Solbes concede al criterio de la población, ha acogido favorablemente la propuesta, que habrá de pasar al debate multilateral antes de su aprobación formal en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Pero subsisten las reservas. La principal, que falta la concreción de las cifras exactas a poner sobre la mesa y a repartir, como se ha apresurado a señalar el consejero de Economía de la Generalitat catalana, una de las comunidades más desconfiadas sobre el proceso negociador y que más alto se puso el listón en su propio Estatuto de Autonomía. Se puede decir que la música del nuevo modelo suena bien, pero falta aún la letra. Por otra parte, el principal partido de la oposición, el PP, ya ha señalado que, al haberse elaborado el sistema sobre la base de que ninguna autonomía salga perdiendo en las cantidades que hasta ahora percibía, la conclusión lógica es que el Estado tendrá que endeudarse para cuadrar un sudoku beneficioso para todos o, lo que es lo mismo, se difiere a las generaciones futuras el pago del esfuerzo colectivo que va a suponer el nuevo modelo. Se ha avanzado, pero queda tela que cortar.

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