NO se engañen, la última fullería política no tiene bandera verde blanca y negra de Extremadura, sino la roja blanca y celeste de Luxemburgo. Los 10.000 euros de los viajes galantes del presidente Monago a Canarias no son nada comparados con los miles de millones que han mangado 340 multinacionales entre 2002 y 2010 al llevarse sus beneficios europeos a Luxemburgo para tributar como máximo al 1%. Eso es robar a los contribuyentes de los países donde hacen negocios.

En España se podrá discrepar sobre si se debe aumentar el impuesto de patrimonio o retirar los de sucesión, si se suben los especiales o se baja el IVA. Pero lo que nadie discute es que las multinacionales deben pagar aquí los impuestos por sus beneficios conseguidos en el mercado español. Pues un consorcio internacional de periodistas de 26 países ha pillado a más de trescientas compañías, que lindamente sacaban su dinero de otros estados europeos para llevárselo a tributar al Gran Ducado. Una sinvergonzonería en toda regla. No es nueva. Google y Apple lo hacen de antiguo en Irlanda. Y ahora han aparecido otras, como Amazon e Ikea, practicando el mismo deporte en un paraíso fiscal como Luxemburgo.

En la Unión Europea se practica el dumping fiscal. Es un problema no resuelto desde el inicio de la Europa unida en los años 50. Luxemburgo y Bélgica llevan casi un siglo compartiendo la misma moneda, antes el franco belga-luxemburgués y ahora el euro. Y sin embargo, un ciudadano podía coger un coche y hacer un trayecto como el de Málaga a Sevilla, unos 200 kilómetros, para trasladarse de Bruselas a Luxemburgo con un maletín de dinero que ingresar en una cuenta numerada y anónima. La rentabilidad del depósito podía oscilar, pero la fiscalidad era fija: cero.

Ayer, en la presentación del barómetro andaluz del Centro de Debate y Desarrollo, Jorge Paradela, director de Relaciones Institucionales de Heineken, explicaba cómo la multinacional holandesa tiene en Sevilla la sede social y fiscal de su filial española. También ocupa en Andalucía a casi mil trabajadores, que es el 40% de su plantilla nacional. Pero lo que se le quedó en la oreja a un servidor es que paga sus impuestos aquí. Como debe ser. La armonización fiscal en la UE sigue siendo una asignatura pendiente.

Los autores de estos convenios unen al perjuicio que causan a los demás, el cinismo. El primer ministro de Luxemburgo, Bettel, sostiene que su país respeta las reglas internacionales y no ha hecho nada malo. Pero es al revés, no han hecho nada bueno estos tahúres del Mosela y afluentes.

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