La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Tomares era el teleférico

En la política como en el fútbol. El club grande se lleva al jugador y todos a callar. No se discute, no se pita, no se silba

José Luis Sanz

José Luis Sanz

El Pozuelo de Alarcón sevillano no tiene quien le escriba, tampoco quien le llore, ni mucho menos quien exija para sus intereses lo que se exigiría en estos momentos para otros municipios. ¿Alguien ha alzado la voz para defender a Tomares cuando su alcalde se marcha para aventurarse en empresas mayores? En la política ocurre como con el fútbol. El jugador se forma en el equipo pequeño, se convierte en estrella, se lo llevan a las filas de algún galáctico y a los clubes medianos y pequeños que les vayan dando huevos fritos... en Casa Esteban.

José Luis Sanz deja la Alcaldía de Tomares. Y yo recuerdo en estos momentos, ay dolor, aquello que ocurrió en la finca de Quintos de Mora a la que Aznar se escapaba tantos viernes tras el consejo de ministros. El del bigote tuvo la idea de nombrar a la primera mujer presidenta del Congreso de los Diputados. Quería para el puesto a Luisa Fernanda Rudi, sevillana de nacimiento, por cierto. Ese Aznar venido arriba, muy arriba tras las elecciones que le dieron la mayoría absoluta, no se anduvo con contemplaciones cuando le advirtieron que estaba en riesgo la Alcaldía de Zaragoza si la hacían dimitir del puesto. "¿Y a mí qué me importa la Alcaldía de Zaragoza?". Pues algo parecido ha debido ocurrir ahora con el traslado de Sanz a Sevilla capital. Prietas las filas. A por Sevilla cueste lo que cueste, aunque se pueda tambalear ese Pozuelo hispalense que no conoce alcaldesa socialista desde los tiempos de Antonia Hierro.

El proyecto de teleférico se hizo. ¡Claro que sí! Eran las sucesivas mayorías absolutas de Oseluí. El teleférico era el propio Tomares, necesario para bajar a la capital. No importa poner en riesgo Tomares, pese a que los populares tienen muy pocas alcaldías en la provincia más roja de España. El club grande ha venido y se ha llevado al jugador. La derecha es disciplinada, nadie protesta, nadie pita, nadie se concentra a las puertas de las oficinas para mostrar su descontento. Los tomareños, a cantar la sevillana rociera: "Los hermanos de Tomares sienten pena y alegría...". Si acaso hay algún debate sobre el lugar de residencia del aspirante a alcalde, como el que le liaron a Teófila cuando gobernaba Cádiz y pernoctaba en El Puerto de Santa María. Oseluí se va a Sevilla a por una silla. Qué solo se va a quedar Tomares sin su silueta de serio nazareno isidoriano, siempre con semblante de austera tarde de Viernes Santo. Habrá que estar atento a su séquito, porque más que asesores parece que tendrá un cortejo del preste. A lo mejor en el pueblo le ponen un día una placa: "Oseluí fue muchos años alcalde de Tomares antes que de Sevilla". Qué injusticia, joé, al final sólo se recuerdan las diócesis grandes.

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