Fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Toros y cultura

LOS principales toreros han solicitado al Ministerio de Cultura que los festejos taurinos se regulen desde dicho Ministerio y no desde el Ministerio del Interior. No cabe duda de que es una respuesta a la decisión del Parlamento de Cataluña de prohibir las corridas de toros en el territorio catalán.

Ahora que estamos en el natural periodo de descanso del mundo del toro, preparándose para la próxima temporada, me parece un momento adecuado para reflexionar sobre el alcance de que las corridas de toros se regulen desde Cultura. Hoy por hoy, y al margen de opiniones, el Diccionario de Lengua Española de la Real Academia, define el toreo como el arte de torear. Por tanto podemos considerar que aquellos que ejercen el arte de torear son artistas. Como arte, forma parte de nuestra cultura y, en mi opinión, también de la Cultura con mayúsculas. Hablando de cultura, no podemos olvidar al toro bravo, nuestro animal totémico ancestral, y que encuentra su territorio de mayor arraigo en Navarra, Euskadi, toda la raya del Ebro, los campos de Salamanca y gran parte de Andalucía.

Siempre he considerado a los toreros como artistas y desde hace años así los ha considerado el Gobierno de España otorgándoles la Medalla de Bellas Artes a figuras destacadas, comenzando por Antonio Ordóñez y Curro Romero, El Viti, Pepe Luis Vázquez, Miguel Báez Spuny El Litri, Álvaro Domecq, Antoñete, Rafael de Paula, Manolo Vázquez, Ángel Luis Bienvenida, Espartaco, Paco Camino, Jose María Manzanares, Enrique Ponce, José Tomás y Francisco Rivera Ordóñez.

Pero no estoy seguro de que incorporar los toros al Ministerio de Cultura sea positivo para el futuro de los toros en España, aunque me gustaría que acertaran en la estrategia. Suena a movimiento defensivo para neutralizar corrientes de opinión contrarias. Pero no sé si eficaz, ya que las competencias de Cultura están transferidas a las autonomías y habrá que gestionarlo una por una. Es como reconocer implícitamente que el arte de los toros necesita protección. Y que el mundo taurino, compuesto por toreros, ganaderos y empresarios, etcétera, no tiene fortaleza suficiente por sí mismo, para garantizar el mantenimiento de los festejos, para seguir atrayendo al público, sin la cobertura institucional que le daría la consideración de bien cultural. Algunas estadísticas nos muestran que la edad media del público de los toros envejece año tras año y que el número de festejos decrece en su implantación en todo el territorio español, debido a varios problemas, entre los cuales están las normas de seguridad en las plazas provisionales, que dificultan que se instalen en las ferias de todos los pueblos. Es lo contrario de otras actividades culturales, como las artes escénicas. Hace años se llegó a la conclusión de que la creación de público es la pieza clave para fortalecer el teatro, la danza, la ópera, etcétera. Por eso se han creado más salas en todas las ciudades y pueblos y se fomenta desde la escuela el conocimiento de dichas artes. En cualquier caso, bienvenidos al mundo de las actividades culturales, si es lo que desean.

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