Antonio montero alcaide

Escritor

Un académico aparejador

La honestidad tiene recompensas, aunque no se busquen ni pretendan, o justo por eso mismo

Hay desempeños profesionales que parecen definirse en progresivos grados, de modo que se atenúa la relevancia específica de los cometidos propios del ejercicio, por así decir, medio, si se toman otros por superiores. Así ocurre con los aparejadores como arquitectos técnicos. Sin embargo, razones hay de sobra para realzar el alcance de tal desempeño. Y, además, muestras muy destacadas se tienen de ello, como la trayectoria profesional -también personal, no deben separarse, y menos en este caso- de José María Cabeza Méndez.

Durante casi dos décadas, de 1990 a 2008, fue director y conservador del Real Alcázar de Sevilla, después de haber trabajado como funcionario del Ayuntamiento, adscrito al Servicio de Con-servación de Edificios. Sus intervenciones profesionales son notorias: la torre de don Fadrique, el casino de la Exposición, las murallas de la Macarena, el monasterio de San Jerónimo, el hospital de las Cinco Llagas, la casa de las Columnas, el palacio de San Telmo, el monasterio de Santa Inés, la Giralda y la Catedral de Sevilla, la Casa de la Moneda y la Torre de la Plata, el mercado de la calle Feria, la iglesia de la Magdalena, el pabellón de México de la Expo del 29 y el Real Alcázar. En 1988, tras la ejecución de las obras de restauración de la Giralda, es nombrado por el Cabildo Aparejador de Fábrica de la Catedral de Sevilla. Aunque José María Cabeza considera, como obra de su vida, la restauración del Alcázar de la Puerta de Carmona, monumento con entonces viviendas donde nació su madre, a la que perdió en un accidente ferroviario; casada con Gregorio Cabeza Rodríguez, responsable que fue, con sobrado pundonor, de la construcción de refugios para los más de ciento quince mil sevillanos que perdieron sus viviendas, en 1961, con la riada del Tamarguillo.

Profesionalidad y personalidad, ya se adelantó, van unidas en la trayectoria de este sevillano, Hijo Adoptivo de Carmona. Y de ello da buena cuenta su renuncia a la dirección del Real Alcázar, en 2008, cuando el entonces alcalde de Sevilla, Sánchez Monteseirín, recuperó la figura, desaparecida durante casi veinte años, del alcaide, para otorgar tal cargo a Rodríguez Galindo, antes concejal y en ese momento fuera de la lista electoral. Contó, por ello, con una retribución no prevista en los Estatutos y funciones que desplazaban al director-conservador.

Desde entonces, José María Cabeza, que también renunció a su puesto de funcionario municipal, ha desarrollado una distinguida labor como profesor universitario. Recibe el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales y la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, con clarividente acierto, acaba de recibirlo como Académico. La honestidad personal y profesional tiene recompensas, aunque no se busquen o precisamente por ello.

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