¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El arte de señalizar

En el Parque de María Luisa cualquier humilde ciudadano se puede sentir el duque de Montpensier. No lo estropeen

Al leer a Juan Parejo, siempre al filo de la noticia del patrimonio histórico, nos enteramos de que el Ayuntamiento de Sevilla prepara una nueva señalética para el Parque de María Luisa y los Jardines de Murillo. Miedo nos da. Porque aunque es cierto que la que existe actualmente está muy deteriorada y necesita una renovación, también lo es que su diseño y redacción son difícilmente mejorables. Somos muchos los que hemos aprendido a identificar y valorar los árboles deteniéndonos ante estos discretos y bonitos carteles que jalonan nuestro parque insignia. Si hoy sabemos qué es un durillo, un zapote, un jabonero de la china, un árbol de Judas, un ciruelo de Pissard o un naranjo moruno se debe en gran parte a esta señalética color omeya que, además de los nombres de árboles y arbustos (en latín y en romance), nos indican sus procedencias geográficas, sus leyendas y mitologías o sus usos medicinales y artesanales. Como pasa con las grandes novelas de aventuras, leer estos breves textos nos puede transportar a países remotos y exóticos amenazados por tifones o rebeliones indias; lugares y tiempos que de otra manera nos serían inaccesibles. Viajar, con o sin coronavirus, no es difícil. Sólo hacen falta unos zapatos cómodos, el alma ligera y una avenida de acacias japonesas para pasear largo y sin prisas. Así, podremos ver la bravura de Ercilla tras las araucarias o escuchar la voz de mando de Cook a lo lejos, junto a los enormes ecualiptos rojos que sobrevivieron a las talas.

No nos malentiendan. No pretenden ser estas líneas una filípica al Ayuntamiento, el cual, dicho sea de paso, mantiene los jardines históricos con un decoroso aspecto que es de justicia reconocer. Sólo pretendemos hacer una llamada a la prudencia. Si se ha de renovar la señalética que sea, al menos, siguiendo el espíritu de la actual. Es decir, que se combine un cierto clasicismo en el diseño con la calidad literaria, como si de un volumen de la colección azul de Gredos se tratase. No nos coloquen, por favor, carteles chillones con mascotas infantiles y sonrojantes textos que parecen pensados para seres mononeuronales. Sobre todo, no pongan "en valor", no hagan itinerarios a lo Dora Exploradora, no conviertan en un parque temático el que es uno de los espacios más nobles de la ciudad, en el que cualquier humilde ciudadano se puede sentir el duque de Montpensier por unos minutos. Respeten, por favor, el aura del lugar donde Alfonso XII flirteó con doña María de las Mercedes, los jardines que fueron hollados por los botines de Juan Ramón y los zapatones de Machado. Si así lo hacen muchos les estaremos eternamente agradecidos.

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