La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La maldición de la tubería rota de Lagoh

Dos mil invitados VIP es un metafísico imposible. O son dos mil, o son VIP, es una pura disyuntiva

Algunos invitados se mojaron, un par de locales se anegaron y un motorista se cayó. Fue el susto de la ceremonia de inauguración del centro comercial Lagoh. La tubería estalló de forma repentina. Mala suerte... o maldición, que se dice ya con guasa, que es el sentido del humor sevillano con cristales en la barriga. Un acto con dos mil invitados VIP es un problema, como alguien recordó. O son dos mil, o son VIP. Pero las dos cosas al mismo tiempo son un metafísico imposible. Para que el éxito de una convocatoria en Sevilla sea incontestable hay que dejar gente fuera. Hay que cortar. Es el precio que hay que pagar. Que se enfaden unos por quedarse fuera. Y que se enfaden todavía más al saber quiénes son los que están dentro. Si todos comen jamón, la pata del cochino se convierte en guarro y a todos les acaba pareciendo salami. Si son pocos, el jamón es de cerdo hartito de bellotas. Las percepciones cambian en función de si el grupo es selecto o se trata de una bulla. No hay cosa peor en un acto de esa Sevilla que se constituye a partir de las ocho de la tarde que alguien suelte la sentencia: "Aquí hay más gente que invitados". No hay cosa peor que una boda con cientos y cientos de invitados, porque al final se dispara el riesgo del número de tontos pasados de copas, el tío que se sube al escenario y entona el Cara al Sol o, mucho peor, que de pronto alguien te empuje y te ponga en el brete de bailar la conga. Hay que huir de las aglomeraciones, de la masa, del gentío. Como todo, los excesos nunca traen nada bueno. Pues claro que estalló una tubería en el centro comercial. Cualquier padre de familia con sentido común recordaría que no se puede meter en casa a tanta gente. Te rompen la vajilla de la Cartuja. Y eso que el alcalde no estaba. Juan Espadas se dirigió a los dos mil invitados -supuestamente VIP- mediante un mensaje grabado. Cáspita, recordó a Rajoy, al que llamaban el tío del plasma, ¿recuerdan? Este alcalde, con eso de que ya se ha autoimpuesto fecha de caducidad en el cargo, vuela libre como las palomas del Salvador. Sobre todo volar, lo que se dice volar, está volando de capital en capital que da gusto. A Monteseirín le costaba cada viaje una polémica. A Espadas se lo consentimos todo. Pobre Alfredo, el incomprendido. El bueno de Juan estuvo representado por su teniente Antonio Muñoz, el contador de turistas. La noticia más leída fue la rotura de la tubería. ¿Ven los señores de Lagoh lo que es la guasa? Un buen invitado no graba el pelo en el plato de sopa en tu casa. Pero cuando son dos mil, nadie conoce a nadie. Sevilla pura.

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