Tomás garcía Rodríguez

Doctor en Biología

Los pacanos de Sevilla

La desidia de las administraciones hacia los árboles históricos es recurrente

Cuando Joaquín Sorolla visitó Sevilla y Granada, entre 1909 y 1911, realizó una serie de pinturas de jardines para uso propio, aunque llegaron a formar parte de algunas exposiciones americanas. En nuestra ciudad interpretó detalles de los Jardines del Alcázar, plasmando una obra magnífica que representa a uno de los pacanos sembrados durante los siglos XIX y XX. La particularidad de esta Carya illinoinensis es que fue abatida de forma inmisericorde en el año 2004, sin causa suficiente que lo justifique. No solo se truncó la vida de un árbol bello, altivo y portador de una historia sentimental relevante, sino que con él desaparecieron en dicho habitáculo aves nidificantes y la principal colonia de nóctulos gigantes, Nyctalus lasiopterus, de Europa.

Poseemos escasos ejemplares de pacano, pacana, pacanero, pecano o pecán, que tantas denominaciones comunes posee: siete en Los Reales Alcázares; dos en el Parque de María Luisa, entre la cautivadora Glorieta de los Hermanos Álvarez Quintero y el mágico Monte Gurugú; uno en el campus de la antigua Fábrica de Tabacos, que se ubica frente a la antigua puerta de Filosofía y Letras, quizá el mejor conservado de todos; y alguno más en el vivero del Parque del Alamillo.

Son plantas americanas provenientes de México y del sur de los Estados Unidos, utilizadas desde tiempos remotos por los indígenas de esas lejanas tierras para diversos usos medicinales y alimenticios, descritas originalmente en el siglo XVI por los exploradores españoles Hernando de Soto y Cabeza de Vaca. Su parte más útil es el fruto en nuez, ya que pertenece a la misma familia del nogal común, con valores nutricionales apreciables y propiedades cardioprotectoras reconocidas en numerosas publicaciones científicas, así como un extraíble aceite de uso cosmético. En las últimas décadas, se han desarrollado campos de cultivo en las provincias de Tarragona, Málaga, Sevilla, Córdoba o Jaén; y en marzo de 2019 se puso en marcha un ambicioso proyecto en el valle malagueño del Guadalhorce con una novedosa vocación agroindustrial.

La desidia de las administraciones públicas hacia estos y otros árboles históricos en los parques y jardines sevillanos es recurrente: el Parque de María Luisa contaba en épocas pasadas con unos cuarenta pacaneros, que han quedado reducidos a dos raquíticos ejemplares en vías de extinción si no se toman las medidas oportunas. Durante el estío, nuestro virtual Jardín Botánico ha contado tan solo con siete jardineros efectivos, cuando es necesario cerca de la cincuentena en cualquier periodo estacional para llevar a cabo las labores de riego, poda, análisis y control de enfermedades.

Se está divulgando en diversos foros oficiales la pretensión de promover a la ciudad hispalense como Capital Verde Europea para 2023, pero cuesta imaginar que sea posible si no atendemos a nuestros jardines, parques, fuentes y plazas con cariño y dedicación, al ser portadoras de un valor imperecedero en nuestra milenaria y floreciente urbe...

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