La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

De lo sublime a lo ridículo, sólo un paso

Espectral, viva imagen de lo trágico y sacando el desgarro de la barriga para emitir unos sonidos tan negros como una noche sin luna, le pegaba Antonio Agujetas el pase de la firma a una velada surrealista. El surrealismo puede ser artístico y hasta rayar en la genialidad alguna que otra vez, pero en ésta fue moviéndose por esa fina línea que puede separar lo sublime de lo ridículo. Me estoy refiriendo al acto de la presentación de un nuevo libro de Jesús Soto, el hijo de Rafael de Paula. Y el autor iba a ser lo más políticamente correcto de un acto al que Curro Romero asistía desde un burladero de inquietud por lo que podía ocurrir. Lo que estaba por llegar era la concatenación de intervenciones de Rafael de Paula fundiendo lo inconexo con la pretendida profundidad que también anda deambulando por el alambre de su vida. ¿Siempre es genial el surrealismo?

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