Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

La utopía del bienestar

LLEGAN las elecciones generales y se multiplican las propuestas más variopintas, incluidas las propuestas que tradicionalmente se han considerado como utópicas, normalmente atribuidas a la izquierda. La crítica de la derecha se suele centrar en su viabilidad práctica, aunque a veces se tenga la sensación de asistir a la escenificación de una trama con guión parcialmente censurado. Ha podido percibirse, por ejemplo, en el caso de la aceptación por parte de CDC, el partido de Artur Mas, de algunas propuestas de la CUP, la izquierda catalana más radical, para intentar salvar el proceso independentista en Cataluña.

Los fundamentos intelectuales de la izquierda más utópica se remontan los tiempos de La República de Platón, que no puede ser calificado de izquierdas porque la equidad no juega ningún papel en el sistema productivo que propone, pero que le lleva a distinguir la clase de los "ciudadanos", responsables de la producción material y propietarios de los medios de producción, y de los "filósofos", que establecen necesidades de la población y deciden lo que debe producirse.

Los planteamientos utópicos posteriores han tenido como justificación fundamental el estado de miseria y explotación de grandes capas de la población. Tomas Moro relató en el siglo XVI su imagen de sociedad ideal y utópica basada en la igualdad entre los individuos y la supresión de la propiedad privada de los medios de producción. Los siglos XVII a XIX están llenos de planteamientos deslumbrantes en torno a estas cuestiones (la propiedad de los medios de producción, las decisiones de producción y la explotación capitalista), pero será en el año 1880 cuando se produce la aportación fundamental de Engels en la forma de explicación de la naturaleza del capitalismo a raíz del concepto de plusvalía del trabajo y de su apropiación por parte del capital.

La propuesta de Izquierda Unida sobre un salario máximo 10 veces superior al mínimo interprofesional, o al del correspondiente convenio, recuerda la típica proposición utópica de la izquierda (del tipo de la limitación de la riqueza individual o del capital), que choca frontalmente con los fundamentos de un sistema que reconoce los principios de justicia social, equidad y solidaridad, pero también el egoísmo, la competencia y la compensación del esfuerzo individual. En definitiva, la elección entre la asignación al mercado de las decisiones de producción y de determinación del valor de los bienes y de los salarios, como alternativa a la planificación desde una autoridad central. Una de las principales críticas a la utopía colectivista es el abandono del beneficio y la eficiencia como guía del comportamiento de las empresas, con el consiguiente aumento de costes y de reducción del excedente social. La respuesta desde la izquierda adopta la forma de mecanismos de compensación (estímulos fiscales, subvenciones y otras ventajas legales), que difícilmente consiguen superan el escepticismo del votante medio, pero todavía no ha conseguido explicar la carga de utopía en torno a la eficiencia del mercado en la asignación de recursos y el reparto de los excedentes.

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