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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Los virus no tienen nacionalidad

Mal francés, mal italiano, gripe española… Es peligroso poner a las pandemias apellidos que inviten a la xenofobia

Los profesores Herrero Ingelmo y Montero Cartelle de Universidad de Valladolid escriben: "Con la expedición de las tropas del rey Carlos VIII de Francia en 1495 a Nápoles, defendida por napolitanos y españoles, se había propagado una enfermedad nueva, la sífilis, llamada por entonces comúnmente morbus gallicus o mal francés, que se contagiaba por las relaciones sexuales con personas infectadas". En 1530 la bautizó como sífilis el poeta, astrónomo y cirujano de Verona Girolamo Fracastorius, basándose -mezclando la mitología griega y las Metamorfosis de Ovidio- en el horrendo castigo enviado por Apolo al pastor Syphilus por llevar una vida digamos que poco ejemplar. El mismo autor da noticia de que en Italia y Alemania se llama a la sífilis "mal francés" mientras que en Francia se le conoce como "mal italiano" o "mal napolitano". Y es que la enfermedad sirvió para alimentar odios llamándose en Rusia "mal polaco", en Polonia "mal alemán", en Inglaterra, Países Bajos y Portugal "mal español", en Turquía "mal cristiano" y en España "mal francés" o "morbo gálico".

La pandemia que entre 1918 y 1920 mató entre 50 y 100 millones de personas fue llamada "gripe española", aunque su posible y casi seguro origen estuvo en la base militar estadounidense de Fort Riley, de donde pasó a Europa. ¿Y por qué lo de española? Porque durante la I Guerra Mundial la censura militar de los países contendientes prohibió hablar de ella mientras que en la neutral España se informaba sobre su avance. La hispanofobia, que existe, hizo el resto. Además de echar el muerto (en este caso los millones de muertos) a España, la pandemia sumó a la xenofobia la crueldad por pánico al contagio. En su libro La gripe de 1918 los doctores Eiros Bouza, Bachiller Luque y Pérez Rubio escriben: "Muchos enfermos de gripe fallecieron de hambre, no por falta de alimentos, sino porque los vecinos, amigos e incluso la familia tenían demasiado miedo para dárselos. El fenómeno condicionó un estado de parálisis y estupor social. El doctor V. Vaughan, jefe de la División de Enfermedades Transmisibles del Ejército estadounidense, observó el deterioro de la sociedad y escribió con un tinte tremendista: 'Si la velocidad actual de aceleración continúa durante unas semanas más, la civilización podría desaparecer de la faz de la Tierra".

Así que mucho cuidado con llamar virus chino al coronavirus. Y con el pánico.

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