Como todos los años por estas fechas en Sevilla, ya huele a azahar, pero, al igual que el año pasado, a este olor que forma parte del ADN de los sevillanos le faltan sus habituales complementos, aquellos que hacen de Sevilla una ciudad única en el mundo: el de la cera quemada de los cirios y el del aroma humeante del incienso que inundan la ciudad en honor de los diferentes pasos de la Semana Santa sevillana. Un año más no podremos rezar emocionados en la calle viendo pasar a nuestro Cristo o a nuestra Virgen desde ese rincón donde lo hacemos todos los años. Es inevitable recordar en estos momentos a aquellos familiares y amigos que nos contemplan desde el cielo. A ellos les pedimos que nos ayuden a pasar lo mejor posible el trance que supone para cualquier sevillano el oler a azahar sabiendo que este año tampoco podrá llorar debajo de su antifaz.

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