La realidad del cambio climático en Andalucía

TODOS los expertos coinciden en resaltar que, a estas alturas, el cambio climático es ya un fenómeno irreversible. También en España y, en especial, en Andalucía. Sus efectos se dejan notar desde el inicio de este siglo. Las previsiones catastrofistas de la Cumbre de París, cuyos acuerdos entran ahora en vigor, se ajustan como un guante a los signos que se evidencian en esta comunidad. Las temperaturas y las precipitaciones integran la ecuación que puede transformar radicalmente el paisaje actual en las próximas décadas. En algunas zonas, como en las provincias más orientales, hace tiempo que avanza la desertización, pero no habrá vuelta atrás si no se pone coto a la emisión de gases contaminantes, como acaba de advertir la revista Science. Las predicciones que formulan otros estudios caminan en esa misma dirección. En cuanto al termómetro, los vaticinios cifran incrementos, en primavera y verano, de hasta cinco grados desde Sierra Nevada a Córdoba; cuatro, en el resto de las serranías, y tres, en el valle del Guadalquivir y sus áreas de influencia. Los aumentos que se pronostican para las áreas costeras serán más suaves pero, por contra, afrontarán el problema de la recurrente falta de lluvias. Periodos de sequía, como el último que se vivió en 2005, serán habituales. Un fenómeno compatible con los riesgos de torrencialidad de las precipitaciones en otoño como consecuencia del calentamiento del mar y la emisión de grandes cantidades de vapor en los meses previos. Y, para rematar el panorama, el déficit de nieve afectará a las áreas de media y alta montaña. Este escenario es lo suficientemente grave y cercano como para exigir una reacción sin más demoras. La Junta y los agentes económicos deben tomarse en serio este acuciante desafío. Urge consensuar un ambicioso paquete de medidas de carácter integral que aseguren un futuro medioambiental sostenible a las generaciones futuras. Y también a la presente. No podemos seguir comportándonos como espectadores que asisten a un desenlace inevitable.

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