La seguridad, un debate que requiere sosiego

Aunque realmente no ha subido la delincuencia, sí se está experimentando en algunas zonas de Sevilla una mayor sensación de inseguridad

Antes que las grandes alianzas estratégicas o que los "ilusionantes" proyectos urbanos, los ciudadanos exigen a sus ayuntamientos una serie de prestaciones y servicios fundamentales que se podrían resumir en tres: limpieza y decoro de las calles y plazas, buen funcionamiento del transporte público y (sobre todo) seguridad. Todo lo demás, aunque pueda ser importante y necesario, es secundario en una política municipal que tenga el bienestar ciudadano como principal objetivo. En los últimos tiempos hemos visto cómo ha ido calando en la opinión pública una cierta sensación de inseguridad en las calles que, sin embargo, no cuenta con la ratificación de las estadísticas policiales, que indican que los índices de criminalidad durante los primeros seis meses del año han sido similares a los del anterior ejercicio. Aun así, hemos asistido a un aumento considerable de la tensión vecinal en distritos y barrios como Pino Montano, Macarena o Bellavista, que han llegado a convocar manifestaciones y, en algunos casos -aunque muy limitados-, formar patrullas vecinales para garantizar una tranquilidad de las calles que, en teoría, no ofrecen los cuerpos policiales. En resumen, podemos decir que aunque realmente no ha subido la delincuencia, sí se está experimentando en algunas zonas de Sevilla una mayor sensación de inseguridad motivada por problemas de convivencia generados por la presencia de personas sin hogar (Macarena) o de chabolistas (Pino Montano). Sin ningunear las protestas de los vecinos, molestos con el aumento de la suciedad, la existencia de pequeños robos o la proliferación de conductas poco decorosas, hay que decir muy claramente que la inseguridad en Sevilla no ha crecido sustancialmente, pero también que se echa en falta una mayor sensibilidad por parte del Ayuntamiento y de otras administraciones con competencias en el ramo a la hora de escuchar a los vecinos, comprender sus angustias (por pequeñas que las estime el funcionario o político de turno) e intentar buscar algún tipo de solución. En ningún caso se trata, como se ha hecho, de señalar a los vecinos y culparlos de actitudes "insolidarias". El problema tampoco se soluciona con la postura tomada por el PP municipal, cuyo vago y alarmista informe sobre la inseguridad en Sevilla, que identifica "cincuenta puntos negros" en la ciudad, es un claro ejemplo de oportunismo electoralista con un tema que, por su delicadeza (afecta a colectivos problemáticos y marginados), debería tratarse con mucho más rigor. Ante todo, hay que tener muy en cuenta que el problema de la inseguridad requiere sosiego, datos objetivos, comprensión y diálogo entre todos.

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