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Tribuna

Claudia Zafra

Presidenta de Unicef Comité Andalucía

Niños no acompañados en la Frontera Sur

Andalucía tiene la oportunidad de establecer un modelo de atención que sirva de guía a otras comunidades y países, y que consiga una integración real de estos niños y niñas

Niños no acompañados en la Frontera Sur Niños no acompañados en la Frontera Sur

Niños no acompañados en la Frontera Sur / rosell

Yo no he venido a molestar a nadie, sino a conseguir una vida mejor". Radi (nombre ficticio), un chico de 15 años nacido en Guinea, recorrió cuatro países y más de 5.000 kilómetros hasta llegar a España. Un año entero de tránsito en el que "quisieron hacerme daño porque estaba solo". Ahora vive en un centro de menores de Ceuta, estudia 3º de la ESO y asiste a clases de baile. Esta es sólo la historia de uno de los más de 13.000 niños y niñas migrantes no acompañados que se encontraban acogidos en el sistema de protección español en 2018.

La respuesta al fenómeno de la infancia migrante se está abordando hasta ahora en Andalucía desde un enfoque de protección de la persona menor de edad, frente a otros lugares del planeta donde la condición de extranjero es la que prima. Aquí se ha tenido claro que se trata de niños, antes que de migrantes. En Andalucía, según datos de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación, durante el pasado año 9.153 niños recibieron algún tipo de atención.

Para dar respuesta a las necesidades de acogida de los cientos de niños y niñas que llegan a nuestras costas después de haber arriesgado su vida cruzando el Estrecho, se ha producido una apertura creciente de "centros de emergencia". Se ha realizado un importante esfuerzo, no sólo a nivel económico, sino también humano, contando con el compromiso de muchos profesionales.

Durante la investigación que realizamos en octubre del año pasado en centros de acogida de Andalucía, Ceuta y Melilla, pudimos constatar una realidad muy dispar y heterogénea. La diferencia en el día a día de los centros visitados es tal que el futuro y las posibilidades de un niño migrante no acompañado dependen, en gran medida, del centro al que sea destinado.

El acogimiento residencial no sólo es una situación administrativa, sino una oportunidad de vida cuyo fin es restaurar un entorno de seguridad para el niño, lo más parecido a un hogar, en un espacio adecuado y con un trato cercano, que garantice su derecho a un pleno desarrollo y permita un seguimiento individualizado de cada caso. En la práctica, al entrar en un centro de protección comienza, en muchos casos, una etapa en la que los retrasos (en la tramitación de la documentación, en la escolarización, etc.) y la falta de recursos, que se traducen en centros saturados e insuficiente número de profesionales, entre otros factores, terminan reduciendo las oportunidades de estos niños y perjudicando sus condiciones de vida.

Nuestra comunidad autónoma es la principal puerta de entrada de niños y niñas migrantes a nuestro país, un fenómeno global que trasciende las competencias de Andalucía, lo que hace necesaria una política de Estado que integre a todos los niveles del Gobierno y que dé respuesta al reto que afrontamos: la protección de los menores de edad que llegan solos tras afrontar desplazamientos traumáticos, violencia y abusos. El fenómeno migratorio es difícilmente gestionable desde un enfoque meramente territorial porque es un fenómeno que se basa en la movilidad. Además, la mayor parte de estos niños y niñas alcanzan la mayoría de edad poco tiempo después de su llegada, por lo que la competencia autonómica sobre menores de 18 años deja de ser relevante, haciéndose más necesaria aún la articulación entre Administración autonómica y estatal.

Es ineludible un plan nacional para la protección e integración de los niños migrantes no acompañados, que requiere un acuerdo entre Estado y comunidades autónomas. Y no puede haber un plan coordinado, suficiente y con recursos si no está basado en el cumplimiento de los derechos del niño, tal y como autoridades y organismos internacionales han recordado a España recientemente.

Andalucía tiene la oportunidad de establecer un modelo de atención que sirva de guía a otras comunidades autónomas y a otros países, y que consiga una integración real de estos niños y niñas. La Consejería del ramo anunció a principios de abril que tiene previsto realizar un estudio que "revelará las áreas de mejora en la atención a los menores extranjeros no acompañados y definirá sus perfiles, así como sus necesidades, en función de su proyecto migratorio".

En nuestra tierra existe mucho conocimiento y experiencia acumulados en los profesionales de atención a la infancia, y merece ser aprovechada. Trabajemos, en paralelo, medidas que persigan la integración de estos niños y jóvenes para reducir el estigma que les acompaña y la creciente xenofobia. En la medida en que se luche contra la intolerancia, se conseguirán mejores resultados de integración. Este es el círculo virtuoso, con el que ganamos todos.

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