Tribuna

Julián Aguilar García, Abogado

Todos son populistas

Me arriesgo a decir que en la edición de hoy del Diario de Sevilla (que al escribir estas líneas no he podido leer, como no se le escaparía ni al sedicente doctor que nos preside a todos los españoles) no encontrarán declaraciones de un político tendiendo puentes hacia otro para construir juntos. Misión imposible.

Mario Giro habla de política perdida en su La globalizzazione difficile (Mondadori, 2017): "El aumento del resentimiento social es la cosa más peligrosa para una democracia: representa un desafío interior (…) se corre el riesgo de aventuras autoritarias o al menos populistas." "El adversario más notable de la democracia representativa es conocido por el término ambiguo de populismo".

El que todos los partidos importantes sean, en buena medida, populistas es un muy grave problema actual al que no se suele prestar atención. Por supuesto, son populistas los generalmente definidos como tales, Podemos (que incorpora a Izquierda Unida y otros partidos y convergencias y adherencias varias) y Vox. Pero también los más tradicionales y centrados, PSOE y PP, al igual que Ciudadanos. ¿Por qué?Todos los citados, de una manera u otra, intentan hacer ver que son el partido de la gente normal y del sentido común. Las variaciones vienen dadas por el supuesto enemigo que crean (y al que con esa invención hacen real, al menos realidad subjetivamente percibida como tal por parte de la población, lo que resulta triste y muy peligroso): la casta, la derecha autoritaria, los que quieren destruir España, los otros, España (que nos roba), Bruselas, los (imperceptibles) franquistas, etcétera. Alimentan resentimiento.

Por no haber, no hay ni un político que le diga a la audiencia lo que ésta no quiere oír"

No hay hoy políticos destacados que rebajen la importancia de las diferencias e intenten acercar posiciones para construir un proyecto común y ayudar a crecer. No vemos a nadie parecido a De Gasperi, Schumann, Monnet o Adenauer, que supieron unir, no ya sólo países, sino millones de personas que habían estado matándose hasta poco antes. No encontramos trasuntos modernos de Fernández Miranda, Suárez, Fraga, Carrillo (el de los años 70, no el terrible de los 30, claro), González, y tantos otros, que llevaron a un país y a sus habitantes a mirar hacia un futuro en común en vez de hacia un pasado divisor e hiriente. Por no haber, no hay ni un político que le diga a la audiencia (ya no somos ciudadanos, nos hemos empequeñecido hasta devenir sólo audiencia y sujetos pasivos tributarios) lo que ésta no quiere oír. Con más o menos moderación (¿cobardía, mero cálculo?) o extremismo (¿irresponsabilidad, ignorancia, mera pose?), todos dicen lo que creen que el oyente quiere oír. Y si el oyente está insatisfecho, perdido, frustrado, quiere oír que hay un culpable ajeno. Y así vamos. Propósito para el año: unamos y asumamos responsabilidades.

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