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Tribuna

fRANCISCO J. fERRARO

Miembro del Consejo Editorial del Grupo Joly

La revuelta de la España vaciada

La revuelta de la España vaciada La revuelta de la España vaciada

La revuelta de la España vaciada / rosell

Recordarán que en el primer trimestre de este año se extendió la preocupación por el abandono de muchos núcleos de población rural en gran parte de la España interior. Una ola de despoblamiento que ha reducido el número de vecinos en más del 60% de los municipios españoles entre 2001 y 2017. Sectores preocupados con esta dinámica, como los movimientos Teruel Existe y Soria ¡Ya!, convocaron una manifestación el 31 de marzo en Madrid en la que reclamaban inversiones y atención de las administraciones públicas para retener y atraer la población. La manifestación contó con representación de los cinco principales partidos políticos españoles que, ante la proximidad de las elecciones generales, y teniendo en cuenta que la España despoblada elegiría a 99 diputados al Congreso en las elecciones del 28 de abril, prometieron múltiples ayudas.

Celebradas las elecciones, la atención por la España vaciada desapareció, hasta que hace unos días el presidente del Gobierno, en el marco de las reuniones con diversas instituciones sociales para configurar un nuevo programa con el que pretende desbloquear su investidura, manifestó su comprensión hacia los colectivos preocupados por el despoblamiento rural, uno de esos asuntos que gozan de simpatía popular.

Compartimos el derecho a que cada cual viva donde quiera (siempre que no moleste a los demás), pero lo que se está reclamando no es este derecho, sino el derecho a disponer en donde se quiera vivir de infraestructuras y servicios públicos semejantes a los espacios más poblados (carreteras, telecomunicaciones, suministros, transporte público, centros de salud, colegios, correos, limpieza pública, seguridad pública, infraestructura deportiva o centros de mayores). ¿Es razonable generalizar estos derechos? En España hay 78.000 localidades con menos de 100 habitantes, ¿cuánto costaría satisfacer todas las demandas de infraestructuras y servicios públicos en estas localidades?

En defensa de la España vaciada se esgrimen los peligros para el patrimonio construido y el medio ambiente si se abandonan. En cuanto al primero, puede tener sentido el gasto público en monumentos o construcciones singularmente valiosas, pero es poco razonable mantener todos los edificios construidos en el medio rural de escaso valor monumental o histórico. En cuanto a las preocupaciones medioambientales, no alcanzo a comprender por qué se degrada ambientalmente un espacio natural que se deja al arbitrio de las transformaciones de la naturaleza. En algunos países con alto nivel de desarrollo (Estados Unidos, Nueva Zelanda, países nórdicos) existen amplios espacios despoblados o con muy baja presencia humana y no parece que en ellos se sufran especialmente problemas medioambientales.

Pero lo menos razonable de las reivindicaciones es su reclamo, "la España vaciada", expresión que genera una rara resonancia, como si fuese un error de "la España vacía"; pero no, es "vaciada", lo que implica que alguien o algún fenómeno la ha vaciado. Como ese fenómeno no parece ser natural y se extiende a gran parte de los espacios rurales del país, se supone que debe ser un producto humano, como podrían ser la especulación, la tecnología, el consumismo, el capitalismo o el neoliberalismo. Pero los que vacían los pueblos rurales son los que se van, entre ellos algunos destacados protagonistas de la manifestación referida, originarios de esa España despoblada que emigraron porque simplemente preferían vivir en otro lugar.

El abandono de espacios es una constante en la historia de la humanidad, por lo que en todo el mundo encontramos huellas de poblamientos humanos abandonados, bien por agotamiento de recursos alimenticios, por catástrofes naturales o porque se encuentran mejores localizaciones. ¿Por qué ahora no lo entendemos como razonable cuando las facilidades de información y transporte nos brindan la oportunidad de hábitats alternativos en los que se puede vivir mejor?

Las consideraciones anteriores no significan que no deba protegerse cierto patrimonio histórico monumental singularmente valioso, ni que no se favorezca la revitalización de determinados espacios rurales que pueden ser la base de desarrollos específicos o alternativas vivenciales singulares, pero su detección y puesta en marcha debe corresponder a iniciativas civiles, como la del colectivo G-100, que trata de revitalizar la vida en el mundo rural adoptando iniciativas "de abajo a arriba", desde las más tradicionales, como la oferta turística en múltiples variedades, hasta facilitar el acceso de jóvenes atraídos por el mundo rural informando en una especie de portal inmobiliario los recursos que los caracterizan, desde el silencio a los atractivos de la naturaleza o las posibilidades de conectividad…, pero no sobrecarguemos al Estado del Bienestar con todo lo que se nos ocurra.

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