Tribuna

Indalecio de la Lastra

Ingeniero de Caminos y Consejero de Emasesa

La unión de las empresas del agua, un reto ante la emergencia climática

El autor plantea que ante la posibilidad de nuevas sequías, hay que unir fuerzas para ser más eficientes desde el punto de vista técnico, social y ambiental, superando las visiones particulares de sus dirigentes 

Gestionar la ciudad desde la emergencia climática empieza a ocupar las agendas de la nueva legislatura. La declaración aprobada en el Pleno del Ayuntamiento de Sevilla, en el pasado mes de julio, sirve también de excusa para replantear la planificación y gestión del agua conjunta entre las tres empresas principales de Sevilla.

Ante la posibilidad de nuevos periodos de sequía, hay que garantizar “la seguridad hídrica” como objetivo (este año de pocas lluvias, ya veremos cómo salimos, al 50% de la capacidad de embalses), y para ello hay que unir fuerzas para ser más eficientes desde el punto de vista técnico, pero también la seguridad social y ambiental de los usuarios, superando las visiones particulares de sus dirigentes.

La integración conjunta de la gestión y planificación del agua en la provincia no puede aplazarse más tiempo, son muchas las ventajas que aportaría la explotación conjunta de las infraestructuras de abastecimiento y depuración del agua, como denuncian los expertos: ahorro de inversiones en redes (utilizar tuberías de ambas empresas evita duplicar inversiones), mayor eficiencia del ciclo del agua, políticas de gestión pública sostenible, campañas conjuntas para contadores individuales, mejor financiación para renovación de infraestructuras, etcétera.

Las desigualdades para los usuarios de Emasesa respecto de las otras empresas son considerables en materias como aplicación del Derecho Humano al Agua, Gestión Publica eficiente, programas de investigación (Cátedra del agua), agua-cultura-ciudadanía, planes climáticos del agua, observatorio del agua, sensibilidad ambiental en la cuenca, calidad del agua en la cuenca, entre otros.

Mientras Emasesa ha realizado una transición de la gobernanza para defender el agua pública desde la sostenibilidad, la asequibilidad y el Derecho Humano al Agua, es palpable cómo los usuarios bajo ese paraguas tienen mejores condiciones sociales y medioambientales (queda aún mucho por hacer, pero la hoja de ruta es buena).

No sucede lo mismo en Aljarafesa y Aguas del Huesna, y la excusa que ponen es bien sencilla, se aplica el principio de la inactividad: si algo funciona, mejor no se toca. En la primera de ellas, su director mantiene un discurso dual, expresando que “el agua es un negocio”, facilitando el trabajo de los lobbies privados del agua, en detrimento de la difícil defensa de “lo público”.

La integración de las tres empresas en una (Aguas de Sevilla, propongo nombrar, con extensión a toda la provincia) solucionaría hechos tan incoherentes como que dos ciudades próximas tengan aguas con tratamiento diferente, como sucede en Mairena del Alcor (Emasesa) y El Viso (Huesna), o entre Gelves (Aljarafesa) y Coria del Río y La Puebla (Emasesa). Mientras algunos municipios están en situación de emergencia climática (Camas) otros que están al lado (Santiponce) no la tienen aún aprobada. Es evidente que fue un acuerdo más político que técnico, a medida del equilibrio de fuerzas de entonces (hace más de 50 años).

Opino que la unión Emasesa y Aljarafesa debe ser la primera fase de la fusión (corto plazo), y una vez consolidada integrar Aguas del Huesna y otras empresas menores. Esta última mantiene los precios más caros del agua en la provincia (media de 31,4 euros mensuales a una familia media (población dispersa en el territorio, que obliga a una extensa red de tuberías), cuando en Emasesa la media del recibo es de 24,29 euros, inferior al precio del agua en Aljarafesa, que aumenta a 25,90 euros.

Actualmente no hay consenso político suficiente para la unificación. Para abordarlo con éxito es imprescindible derrochar elevadas dosis de generosidad del alcalde de Sevilla (principal accionista de Emasesa). Sin generosidad no será posible. Perder algunas de las ventajas del poder absoluto no es un plato de buen gusto para quien dirige la joya de la corona. También el papel político del Consorcio Provincial del agua resulta imprescindible, y no debería ir en contra de lo lógico.

Una sola empresa pública del agua sería muy importante para avanzar y con principios de gestión basados en la transparencia, la rendición de cuentas, la asequibilidad y la gestión sostenible del recurso, cuestiones que en la actualidad no se garantizan completamente para todos los usuarios.

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