Francesc Torralba, filósofo: "Estamos anticipando futuro, sin observar aquello que tenemos al lado"
Casi todos los filósofos coinciden en que estamos más pendiente del pasado y el futuro que el presente
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Una de las grandes reflexiones que ha sido objeto de estudio de los filósofos ha sido el paso del tiempo y como seguimos obsesionados tanto con el pasado como con el futuro, sin pensar en el presente que estamos viviendo. Aunque pueda parecer una tendencia accidental, es cierto que está relacionada con la conciencia, la memoria, el deseo y el miedo. Todas esas emociones conforman la experiencia del tiempo.
En primer lugar, empezamos con San Agustín que la analizó. En el libro Confesiones, se preguntó como existe el tiempo, si el pasdo ya no es y el futuro no ha llegado. Su respuesta es que el pasado vive en la memoria y el futuro en las expectativas que nos creamos diariamente. Eso sí, al presente le atribuye la atención que muchas veces no se tiene, como expone el filósofo Francesc Torralba. Eso sí, aclara que el presente es frágil y que se desvanece constantemente.
Otro de los filósofos más contemporáneos definió el tiempo como una duración continua. La conciencia humana mezcla pasado y presente y da lugar a la aparición de recuerdos. El ahora no se presenta como una forma pura, sino que ocurre a partir de experiencias previas. Por ello, lo veía como una acumulación de pasado.
Martin Heidegger aportó una visión más existencial a este asunto. El ser humano, según su punto de vista, es un ser que está en el mundo y que se comprende siempre desde sus posibilidades futuras. Por ello, el futuro gana mucha importancia y se proyecta hacia lo que todavía no existe. Una de las problemáticas es la conciencia de la muerte, que organiza nuestra vida desde el primer momento. Así se puede observar como el presente pierde valor y es un simple medio para llegar a algo más.
Nietzche criticó la obsesión que tenía la población sobre el tiempo, en concreto con el que ya ha pasado. Esto puede deberse en parte por el exceso de memoria que llega a paralizar el tiempo presente. Si vivimos anclado en los que fue, se pierde la capacidad de afirmar el presente con fuerza. Así que como actitud vital, este filósofo defencia usar el pasado como una herramienta de vida y no una carga que impida vivir.
La teoría del estoicismo ofrece una repsuesta más práctica. El sufrimiento de los humanos surge por preocuparnos de algo que no depende de nosotros, incluyendo tanto el pasado como el futuro. El único ámbito en el que se puede ejercer la libertad es el presente, pero al final la mente tiende a dispersarse y requiere un ejercicio constante de atención y disciplina interior.
En la filosofía contemporánea, Jean-Paul Sartre explicó esta dificultad a través del concepto de libertad. Para Sartre, estamos condenados a ser libres, lo que implica que siempre estamos eligiendo lo que seremos. Esta libertad nos empuja hacia el futuro, mientras que el pasado se convierte en algo fijo que ya no podemos cambiar. El presente, entonces, se vive como un punto de tensión entre lo que ya somos y lo que aún no somos, lo que hace difícil permanecer en él sin angustia.
Para Francesc Torralba, es muy fácil sucumbir al pasado, instalándose en él y rememorando, sobre todo, las personas mayores. Sin embargo, el joven tiende a proyectar. Ambos movimientos significan la perdida del presente. Este consiste en vivir el ahora, que es lo que se nos escapa. Muchas veces estamos anticipando futuro y no observamos a los que tenemos al lado. La mitificación del pasado es otra de las problemáticas que no permite vivir el momento actual.
Referencias bibliográficas:
Francesc Torralba, filósofo, sobre el tiempo pasado, futuro y presente: https://www.youtube.com/watch?v=hO_GdJAVLks
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