De Kiev a la Catedral desde la calle Feria
Retahílas
Martes Santo. El cura ucraniano que da misa en la iglesia de Santa Clara será apuntado hoy hermano de la cofradía de Los Javieres
La hermandad de los Javieres recibe hoy en su nómina de hermanos a uno nuevo, que se estrenará con la estación de penitencia. Vitaly Khrabahyu (Ivano Frankivsk, Ucrania, 1978) debería estar ahora mismo en Kiev. En 2013 este sacerdote regresó a la capital de su país después de un largo periplo sacerdotal. Pasó por un seminario polaco, se ordenó en 2003 y cubrió destinos en Alemania, Dinamarca e Italia, país del que conserva el acento transalpino. El 4 de noviembre de 2021, en plena pandemia, llegó a Sevilla para sustituir al padre Demetrio, un compatriota que intenta superar un cáncer.
Creció cerca de Stanislaopolis y Leopolis, bellísimas ciudades machacadas por los morteros y los tanques rusos. Su idea era volver a su país a finales de enero, pero mientras no llegue el sustituto la feligresía no se puede quedar sin pastor. El 24 de febrero vivió desde Sevilla con impotencia la invasión de su país por las tropas rusas. Y en la iglesia de la calle Santa Clara, abierta al rito ucraniano desde hace ocho años, ha sido el timonel de una impresionante cadena de solidaridad que ya ha llenado 18 camiones con destino a Ucrania.
Quiso hacer de la necesidad virtud y conocer bien la Semana Santa de Sevilla. Dos María José, una de apellido Andrade, que lleva el blog de Mujeres Valientes, otra García Romero, catequista, se pusieron manos a la obra. El párroco de Ómnium Sanctórum, Pedro Juan Álvarez Barreda, se puso en contacto con José Antonio Oliert, hermano mayor de los Javieres desde junio de 2017. “Pensamos que lo mejor es que conociera la Semana Santa de la mejor manera, desde dentro”, dice este cofrade, profesional del negocio funerario.
No es la primera vez que los Javieres se suma a una causa internacional. El Martes Santo de 2002, unos meses después del 11-S, una representación de los bomberos de Nueva York, el gremio que tantas vidas sacrificó en los atentados contra las Torres Gemelas, participó en la procesión por las calles de Sevilla. “La gestión la hizo Gary Bedell, comisionado del pabellón de Canadá en la Expo que fue costalero de varias cofradías”.
El hermano mayor suele presidir el paso de palio, pero este año acompañará al cura ucraniano delante del Cristo de las Almas, que no hay mejor advocación para tanto desalmado como anda suelto. Este año se cumplen 75 años de la entrega de la imagen que salió de las manos del imaginero portugués Pires Azcárraga.
En España hay 28 iglesias para la comunidad católica ucraniana. En los últimos meses ha cambiado el perfil: a los emigrantes se han sumado muchos refugiados. La de Sevilla es una capellanía que depende de la de Huelva. El cardenal Osoro, arzobispo de Madrid, es el coordinador de esta feligresía. A Vitaly, que nació en 1978, “el año de los tres Papas” (Pablo VI, Juan Pablo I, 33 días de pontificado, Juan Pablo II) le gusta la cita de un pontífice. “León XIII decía que Ucrania era un puente entre Europa y Asia”. Puente, y no sólo granero, como tanto insisten los analistas económicos.
El cura ucraniano vive en la casa Sacerdotal de la calle Becas. Todos los días habla con Ucrania. Con su familia, con sus amigos. Su hermana y su sobrina están de voluntarias en la frontera de Polonia con Ucrania; su madre está en la República Checa. En su departamento de Kiev viajaba todos los años a visitar a los ucranianos de Turquía y Líbano. Vino a España en la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI. A Rusia no fue nunca. “Mi padre nació en Siberia, donde mi abuelo estaba deportado”. Igual que Dostoievski o Solzhenitsyn. “Es impensable que estos políticos rusos hayan leído a sus escritores o escuchado a sus músicos”. Tiene razón Vithaly. ‘Guerra y Paz’ de Tolstoi es un manual de la compasión humana y ‘Los hermanos Karamazov’ de Dostoievski un tratado sobre la misericordia y el perdón.
El hermano mayor de los Javieres le abre las puertas de Ómnium Sanctórum y de la hermandad a un cura de una iglesia que estuvo perseguida entre 1946 y 1990. Los Javieres llegó a la iglesia de la calle Feria en marzo de 1977. En 1985, Oliert se hizo hermano y perdió una pierna en un accidente laboral. En 1986 salió por primera vez de nazareno “sin piernas, con dos muletas”. Se reinventó y practicó el ciclismo paralímpico, participando en numerosas competiciones internacionales hasta que lo dejó en 1998.
Dos hombres valientes a los que la voz de las Mujeres Valientes va a hacer coincidir delante del Cristo de las Almas recorriendo las calles de Sevilla con el mejor de los estrenos: una primavera recuperada.
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