Una Provincia bajo el Antifaz

La Semana Santa en Écija y Osuna: Sin palio y con ráfaga

  • Los pasos del Cristo de Confalón y la Virgen de la Soledad son auténticas reliquias astigitanas

  • El Viernes Santo amanece en Osuna con El Encuentro

La escena del Encuentro, al amanecer del Viernes Santo delante de la colegiata de Osuna. La escena del Encuentro, al amanecer del Viernes Santo delante de la colegiata de Osuna.

La escena del Encuentro, al amanecer del Viernes Santo delante de la colegiata de Osuna. / Curro Pérez

En esta serie nos centramos en peculiaridades y formas propias de entender la Semana Santa que aún perviven en la provincia de Sevilla. No cabe duda de que muchas cofradías que guardaban tradiciones y estéticas de siglos sucumbieron ante el influjo de la capital. El modelo de pasos de la urbe hispalense se impuso en muchas localidades, hasta el punto de que son muy pocas las que conservan formas antiguas de sacar en procesión a sus devociones. En el capítulo de hoy nos vamos a detener en Écija y Osuna, que atesoran excepciones frente a la mayoría.

Acudamos primero a la ciudad del sol. El Jueves Santo sale en esta localidad de gran valor patrimonial el Cristo de Confalón. Se trata de un crucificado renacentista (del siglo XVI) en el que aún se percibe la huella del gótico. Si interesante es la talla, no menos lo es la cruz en la que está enclavada: plana (no arbórea) y realizada con taracea de nácar, marfil y carey. Igual de significativos son los elementos que contribuyen a difundir el mensaje de redención: las azucenas que brotan de las llagas de pies y manos y el sudario de tela -bordado por la marquesa de Peñaflor en 1898-, el cual luce los años impares.

El paso del Cristo de Confalón es uno de los más peculiares de cuantos salen en la provincia de Sevilla. De origen genuinamente barroco, está conformado por una piña, esto es, una especie de peana que sustituye a la canastilla habitual y en la que se asienta directamente la cruz. Este elemento también ha sobrevivido en la Semana Santa de Marchena, en los pasos del Dulce Nombre de Jesús (un Niño Jesús pasionista) y en el del Cristo de la Vera-Cruz. En la capital hispalense, siglos atrás, era también modelo habitual, como se puede observar en diversos grabados de la época. 

Descalzos por una leyenda

El paso va iluminado con una auténtica cascada de luces, a través de candelabros de guardabrisas de los que cuelgan lágrimas de cristal de roca. También es distinta la forma de portarlo. No se hace a través de costaleros, sino de hermanos de paso, que van vestidos con túnica y capillo corto blancos; y cinturón, corbata y guantes negros con el escudo de la hermandad. Van descalzos, en recuerdo de aquellos campesinos que, según la leyenda, tuvieron que quitarse los zapatos para sacar al crucificado del pozo donde lo hallaron. Tampoco lleva acompañamiento musical. Cuando discurre por las calles astigitanas se grita "¡Viva el Cristo de Confalón!".

El Cristo de Confalón en su característico paso. El Cristo de Confalón en su característico paso.

El Cristo de Confalón en su característico paso. / José Luis Gutiérrez

Otro paso impregnado de estéticas antiguas es el de la Virgen de la Soledad, que sale la tarde del Sábado Santo en Écija. Se trata de una de las dolorosas más bellas de la provincia, la cual se ha atribuido durante muchos años a María Luisa Roldán, La Roldana, pero que últimos estudios la acercan a la obra de Pedro Duque Cornejo. Una imagen que, en su atavío, supone una excepción en la iconografía mariana que solemos contemplar durante estas fechas, ya que porta atributos que antiguamente eran habituales a la hora de representar la aflicción de la Virgen y que cayeron en desuso. La Soledad lleva, como la mujer descrita en el Libro del Apocalipsis, ráfaga y media luna a los pies, ambas piezas -junto con la corona- labradas con plata del siglo XVIII.

Esta delicada dolorosa no la cobija un palio, sino que se alza sobre una imponente peana que recuerda bastante a las usadas en las procesiones marianas de gloria. Se trata de un elemento de gran valía artística y que se atribuye a Duque Cornejo. El paso se complementa con un importante juego de candelabros de guardabrisas.

La Virgen de la Soledad, de Écija, con ráfaga, media luna y sin palio. La Virgen de la Soledad, de Écija, con ráfaga, media luna y sin palio.

La Virgen de la Soledad, de Écija, con ráfaga, media luna y sin palio. / Emilio Gómez

También sin palio sale cada mañana de Viernes Santo, en Osuna, la Virgen de los Dolores, otra de las mejores dolorosas de la provincia. Atribuida por Hernández Díaz al granadino José de Mora, se encuentra tallada por completo y sus rasgos la alejan de la escuela barroca sevillana. Porta, de igual modo, ráfaga y media luna a sus pies. En su estación de penitencia luce, además, uno de los mejores mantos que pueden contemplarse estos días. Se trata de una obra diseñada por el presbítero Francisco Javier Govantes García, bordada por las franciscanas clarisas del extinto convento de Santa Clara en 1917. Fue restaurado el año pasado.

La Dolorosa servita protagoniza una de las tradiciones más esperadas por los ursaonenses. Cada mañana de Viernes Santo sube hasta la colegiata, convertida en monte Calvario de la localidad cuando llega esta época del año. Allí la espera Jesús Nazareno, titular de otra corporación que también realiza estación de penitencia dicha jornada. Se trata de una de las mejores representaciones de esta iconografía, atribuida a Pedro Roldán, aunque también hay expertos que se inclinan por la gubia de su hija, La Roldana. Posee en su ajuar dos ricas túnicas bordadas de cola, una del siglo XVIII y otra del XIX (ésta última, de Patrocinio López).

Al alba, en la colegiata

Una vez arriba, en lo más alto del municipio, se llevará a cabo El Encuentro entre ambas imágenes, que reproduce el pasaje de la Calle de la Amargura, cuando Jesús y su Madre se ven camino del Gólgota. Una representación que era habitual en Sevilla en centurias anteriores y que protagonizaban los titulares de la Hermandad del Silencio en la antigua Plaza del Duque. Escena que aún conservan algunas corporaciones que rinden culto a la imagen de un Nazareno y que realizan estación de penitencia en las primeras horas del Viernes Santo.

El cortejo penitencial que precede a Jesús Nazareno, de Osuna. El cortejo penitencial que precede a Jesús Nazareno, de Osuna.

El cortejo penitencial que precede a Jesús Nazareno, de Osuna. / Eduardo Zamora

Igual de interesante resulta la manera en que los pasos llegan hasta arriba. Son las únicas imágenes que lo hacen por unas empinadas calles impregnadas de un urbanismo que conserva la arquitectura propia y reconocible de ese municipio, otra de las joyas de la provincia. Osuna y Estepa. No se olviden de apuntarlas para la Semana Santa de 2021.

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