La Catedral presenta la exposición "Los rostros de Cristo", un itinerario espiritual a través del arte contemporáneo
La muestra, compuesta por 35 pinturas y una escultura, podrá visitarse del 7 de febrero al 7 de abril en el Antecabildo, el Patio y la Sala Hipóstila de la Catedral
La Santa Iglesia Catedral de Sevilla ha acogido este sábado el acto de presentación de la exposición Los rostros de Cristo. De Toledo a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla. La muestra, de carácter itinerante, llega a la Catedral hispalense procedente de la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, donde fue organizada con motivo de la celebración de su VIII Centenario, y podrá visitarse del 7 de febrero al 7 de abril en el Antecabildo, el Patio y la Sala Hipóstila de la Catedral, en horario de la visita cultural.
La exposición reúne 35 pinturas y una escultura que invitan al visitante a detener la mirada en el misterio central de la fe cristiana —la Encarnación y la Pasión— a través del lenguaje del arte sacro contemporáneo. Su presencia en Sevilla adquiere un significado especialmente profundo durante el tiempo litúrgico de la Cuaresma, ofreciendo un itinerario de contemplación, conversión y recogimiento que prepara el corazón para la celebración del Misterio Pascual, en una ciudad cuya historia y espiritualidad están hondamente marcadas por la contemplación de la Pasión del Señor.
El acto de presentación ha contado con la intervención de Marcelino Manzano Vilches, canónigo delegado de Medios; Ana Isabel Gamero González, conservadora de la Catedral y comisaria de la muestra; Juan Miguel Ferrer Grenesche, promotor de la exposición; y Adrián Ríos Bailón, canónigo delegado de Pastoral y Personal.
Durante su intervención, el delegado de Pastoral del Cabildo subrayó que "en el contexto del camino cuaresmal que conduce a nuestra Semana Santa, los rostros de Cristo se ofrecen como una oportunidad para detener la mirada y reparar el corazón de la celebración del misterio pascual".
La muestra se inscribe en una reflexión más amplia sobre el sentido y la misión del arte cristiano en la actualidad. En este contexto, resulta especialmente pertinente recordar las palabras del papa Benedicto XVI, quien afirmaba en 2009 que la escultura y la pintura, en el arte de siglos pasados, estaban destinadas a suscitar profundas impresiones en el alma, capaces de invitar al hombre a una vida de virtud y a la búsqueda del bien. No se trata, por tanto, de una belleza estéril, sino de un arte que se abre como una puerta hacia un camino que conduce al Cielo y acompaña a los fieles más allá de la rutina de la vida cotidiana. Desde esta perspectiva, el arte cristiano de nuestro tiempo se ve llamado a un verdadero renacimiento, entendido no como una mera renovación formal, sino como una recuperación de su capacidad de interpelar, evangelizar y conducir al encuentro con Cristo.
Las obras expuestas, pertenecientes a la colección de Steen Heidemann, presentan una notable diversidad de lenguajes y procedencias culturales, sin pretensión normativa. Reúnen a artistas de reconocido prestigio como Salvador Dalí, Raúl Berzosa, Hélène Legrand o James Langley, junto a creadores de distintos contextos geográficos, desde Europa hasta Tanzania o Brasil, evidenciando la universalidad del mensaje cristiano y la vigencia de la iconografía de Cristo en el siglo XXI. Aun desde lenguajes contemporáneos, las obras se integran respetuosamente en el espacio catedralicio e invitan al silencio interior, a la reflexión y a la oración.
La colección fue concebida por Steen Heidemann a partir de un proceso de estrecha colaboración con los artistas, a quienes encargó las obras con el deseo de fomentar una nueva sensibilidad y una mirada renovada sobre los temas religiosos. Lejos de ser meros ejercicios formales, las imágenes nacidas de este diálogo buscan interpelar al espectador y conducirlo a un encuentro personal con el rostro de Cristo. El propio coleccionista, de origen protestante, encontró en la fe católica la paz y la verdad, y, movido por la gratitud por el don recibido —tras una dilatada trayectoria organizando exposiciones impresionistas en toda Europa—, emprendió este proyecto que une arte y espiritualidad al servicio de la comunidad cristiana.
Con la acogida de Los Rostros de Cristo, el Cabildo de la Catedral de Sevilla reafirma su compromiso con el diálogo entre el patrimonio histórico y la creación contemporánea, convirtiendo el templo, durante la Cuaresma, en un espacio privilegiado de contemplación artística y espiritual. La exposición se ofrece así como una ocasión para que fieles y visitantes se acerquen al misterio de Cristo, encuentren inspiración para la oración y renueven su mirada hacia el Redentor, fuente de vida, esperanza y salvación.
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