Rincones con encanto

Siempre es jueves en Anchalaferia

  • Con casi un kilómetro desde Viriato a la Resolana, el mercadillo de viejo del Jueves es su seña de identidad más acusada. Cuando ya sea Viernes Santo casi van a solaparse el retorno de Montesión a casa y la gozosa marcha de la Macarena a Sevilla.

Calle Feria Calle Feria

Calle Feria

Entramos de lleno en el corazón de la Sevilla más populosa, en una calle trascendente todo el año y que se convierte en fundamental así que llegan estos días de Semana Santa. Una calle que es surcada por varias cofradías y que una de ellas cruza en su totalidad aunque en dos etapas. Se trata de la Macarena, que a la ida a la Catedral la holla desde Resolana a la Cruz Verde y a la vuelta desde San Juan de la Palma hasta el Mercado. Es, además, con sus novecientos metros desde Viriato a Resolana, una de las arterias más largas del casco antiguo y, por supuesto, populosa como la que más, especialmente los jueves, día de la semana en que se instala su mercadillo de viejo, El Jueves.

Toda la calle Feria se llama de esta manera desde 1868, año en que se aúnan en dicho nombre los muy distintos que tuvo en sus diferentes tramos. Así, por ejemplo, se sabe que se llamó Laneros desde su origen en Viriato hasta la Plaza de los Carros, hoy llamada de Montesión. También entre Maldonados y Mengíbar se llamó de Caño Quebrado. Entre Conde de Torrejón y Cruz Verde atendía por Carpinteros. La razón era obvia, ser lugar poblado por fabricantes de muebles. Hasta Omnium Sanctorum se llamó Lencería para que en el siglo XVIII fuese nombrada como Ancha de la Feria.

Ancha de la Feria es bautizada así para distinguirla del tramo primero, el que discurre entre Castellar y Montesión, angosto y de trazado irregular que contrasta con la alineación y anchura de dicha calle desde la Plaza de Montesión hasta que muere allá por los Altos Colegios, ya en el corazón de la Macarena.

Pero más que en la historia de la calle, que es muy rica, queremos ceñirnos a su importancia semanasantera y, cómo no, a lo que significa El Jueves en su pulso vital. Por ejemplo, Ortiz de Zúñiga lo describe así: "Sin saberse cuándo tuvo principio, permanece un mercado los jueves de cada semana, en ciertas calles de la parroquia de Omnium Sanctorum, en que se hace; en la cual sitio asimismo se hacían las ferias antiguas, como consta de privilegios del Rey Sancho, que le da ya este nombre".

También Cervantes le da sitio destacado a Feria y nada menos que en tres de sus obras. En El rufián dichoso la evoca así: "Hay más que ver que le dan parias los más arrogantes, de la Feria los matantes, los más bravos de San Román". Anteriormente en el Quijote, al referirse a los manteadores de Sancho: "Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que entre la gente que estaba en la venta se hallasen cuatro peraíles de Segovia, tres agujeros del Potro de Córdoba y dos vecinos de la Feria de Sevilla, gente alegre, bienintencionada, maleante y juguetona". Y, cómo no, en Rinconete y Cortadillo señala a estos discípulos de Monipodio los Jueves de la Feria como paraje ideal en el que ejercer su vil oficio. Feria también es recogida en la prensa de forma negativa y así, en 1857, en el diario El Porvenir se denuncia la molestia que supone para el vecindario la presencia de gente bullanguera: "Entre las costumbres chocantes de Sevilla figura la que en la Feria haya muchachos del barrio que en las vísperas de fiesta o en el alba de ellas hacen sonar sus campanillas en demanda de limosnas, además de importunar al vecindario con sus cánticos de madrugada con voces aguardentosas".

Pero siempre fue Feria una calle con mucha vida, el Jueves continúa existiendo y siguen manteniendo especial protagonismo en ella los bares y las tabernas, sobre todo en lo que fue Caño Quebrado, donde se ubica la iglesia de Montesión. En esta plaza figuró un cabaret de cierta prosapia en la vida nocturna sevillana, se llamaba Viñablanca y estaba situado en la esquina de Feria con esta plaza, hasta hace unos decenios Plaza de los Carros  de los Carros.

Junto a Jueves, movimientos comerciales o gastronómicos, más aquellas revueltas populares en la Cruz Verde, hay que hacer hincapié en que si el Domingo de Ramos ya circula por ella el Silencio Blanco hasta Conde de Torrejón o la Hiniesta desde Relator a la Cruz Verde, hoy será fiesta grande con la presencia de la cofradía de Montesión. Tintinearán los rosarios en los varales del palio por Feria hasta la Correduría y será un clamor ya sin solución de continuidad cuando estén a punto de solaparse dos sucesos maravillosos, dos acontecimientos tan excepcionales como ver recogerse a la Virgen del Rosario en su casa más ir al encuentro de la Madre de Dios cuando revire en los Altos Colegios para hacer del costero a costero su forma de seguir a su Hijo ya sentenciado a muerte.

Y qué decir cuando haya amanecido y la Macarena venga gozosa del homenaje recibido de las hijas de Sor Ángela para abrirse camino entre los suyos. Rodeada de gente desde que cruzó el Arco, ahora, y con el sol llegando a su cénit, será en Feria cuando se reencuentre con sus cabales y todo se dé a favor de querencia. Éxtasis en San Juan de la Palma, pleitesía en Montesión, apoteosis en el Mercado, siempre es jueves en Anchalaferia, un año más, un año menos, qué se le va a hacer...

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