Rincones con encanto · Francos

Un apéndice de la Carrera Oficial

  • Meollo de la ciudad en todos los tiempos, esta vía no conoció otro nombre y fue la primera que se entoldó y la pionera en contar con lo que se llamarían grandes superficies.

LLEGAMOS a lo más esperado, al día más largo, a ese tramo de la gran celebración en que la ciudad vive galopando a lomos del tiempo en busca de unas sensaciones que no tienen parangón ni medida. Amanece el Jueves Santo de Sevilla, ese día en que al gran Manuel Mantero le agobiaba la nostalgia por el hecho de tener que dar clase de Literatura en la Universidad estadounidense de Athens y con sólo pensar en que la Virgen del Valle surcaba el dédalo urbano de su ciudad y él no podía acompañarla. Nostalgia de un exiliado voluntario en la lejanía y ya que llegamos a este punto adentrémonos por una vía que es casi tramo integrante de la carrera oficial de la Semana Santa de Sevilla.

Francos lleva ese nombre desde el siglo XIII como mínimo y debe el nombre a su indudable importancia en el fundamento de la ciudad. De ese siglo proceden los primeros datos del callejero sevillano y ya Francos se llamaba así. Con orientación norte-sur, tiene su raíz en la confluencia de Villegas y Cuesta del Rosario para morir donde Placentines y Conteros se unen.

Calle principalísima en el comercio sevillano de toda la vida, llena de pequeñas tiendas y de hasta grandes superficies dedicadas al comercio de la confección. Una fue reconvertida tras haber pasado de llamarse Los Caminos a Peyré, mientras que La Ciudad de Sevilla fue víctima de la piqueta en la segunda mitad del siglo pasado para levantarse allí un enjambre de locales de toda laya con pasajes incluidos.

En el ensanche que existe al principio de esta vía hubo una plazuela que se llamó de los Entalladores hasta el XVII. El motivo de su denominación era que allí tenían residencias y talleres varios imagineros y tallistas de retablos. Más tarde pasó a llamarse Imagen para denominarse Silencio en el XVIII por el retablo allí existente de una Virgen de Belén con el Niño Jesús en brazos llevándose un dedo a la boca; así hasta que a fines del XIX quedó integrada en Francos.

La calle carece de aceras y de una alineación mínimamente regular. Su sinuosidad es fruto de los diversos retranqueos más o menos caprichosos que se hicieron cada vez que se obraba en un edificio. La calle de San Isidoro y la de Pajaritos desembocan en Francos por la fachada de los impares, mientras que Blanca de los Ríos y Chapineros lo hacen por la de los pares. Una curiosidad es que posiblemente fuese Francos la primera vía en entoldarse para combatir los rigores del estío sevillano, algo que sucedió en el ya lejanísimo 1799 y gracias a un clamor vecinal demandando un mayor confort para el viandante.

En Francos vivió y tuvo su magnífico museo el militar, filólogo, heraldista, genealogista y próspero anticuario Gonzalo Argote de Molina, nacido en Sevilla en 1548 y fallecido en Las Palmas de Gran Canarias el 20 de octubre de 1596, donde tuvo especial protagonismo en la conquista de dicho archipiélago. En el número 41 nació la escritora y crítica literaria Blanca de los Ríos el año de 1862 y en esta calle de Francos se localiza la barbería que inspiró a Pierre Beaumarchais para escribir El barbero de Sevilla. Obra de indudable importancia que serviría para que Mozart y Rossini la convirtieran en óperas de fama universal. El genio austriaco, bajo el título de Las bodas de Fígaro y sin tocar el original el gran compositor italiano.

Francos fue siempre el cogollo comercial de Sevilla y eje fundamental en la vida de la ciudad. Peatonal y plagada de comercios con especial incidencia en el mercado femenino, su vida era un continuo trajín durante todo el año, pero que cobraba y cobra una actividad multiplicada a la enésima potencia cuando llegan los días más señalados del calendario festivo de la ciudad. Parte importante del itinerario en la solemne procesión del Corpus, en Semana Santa no existe un solo día que no sea transitada por varias cofradías.

Hasta treinta son los cortejos procesionales que pasan por Francos y en este largo día en que se pierde en gran medida el sentido del tiempo serán siete las que la surquen. La primera será la de los Negritos esta noche con ese palio maravilloso de Nuestra Señora de los Ángeles sorteando dificultades, al poco pasará el enorme misterio de la Exaltación camino de Santa Catalina, más tarde Montesión convertirá en música celestial el tintineo de los rosarios que ornan los varales del palio para que el extraordinario Señor de Pasión paralice los sentidos a su paso y aflore la más profunda contrición cuando la ciudad anda ya expectante con lo que está por venir.

Y cuando ya estemos en la excelsa Madrugada, cuando ya no haya lugar para la marcha atrás, cuando ya el gallo haya cantado las tres veces y San Pedro ande como loco dándose chocazos por las esquinas se hará el Silencio físicamente puro. El hieratismo del Silencio hará que Francos compatibilice el intimismo con la expectación y en el túnel del tiempo no se atisbe el fin. Será una Madrugada que allí lo rematará el colorista cortejo de los Gitanos. Eso ocurrirá cuando aún estén resonando por sus rincones los ecos de una amanecida inigualable. Una aurora única con una visitante como no existe otra, la Macarena, esa que fue tantas veces pregonada y en la que recayeron para el piropo ciertos versos bellísimos que tenían de cordón umbilical el tajante Como Tú, ninguna.

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